Raúl Castro exalta en una carta la ‘estabilidad y orden’ de las cárceles cubanas, pero la realidad es otra
- Cuba
- septiembre 16, 2026
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Mientras las cárceles del régimen cubano acumulan decenas de denuncias por las continuas violaciones de los derechos humanos cometidas por sus agentes, así como por las pésimas condiciones de salubridad y alimentación de los centros penitenciarios, en un ambiente hostil de hacinamiento, arbitrariedades y represión, Raúl Castro exaltó en una carta, enviada al acto por los 65 años del sistema carcelario del régimen, el supuesto «clima de estabilidad y orden» de los centros de reclusión.
Mientras no permite que organismos nacionales e internacionales de derechos humanos accedan a sus instalaciones, que están también restringidas para la prensa, La Habana vuelve a mentir sobre el estado de las prisiones y las utiliza para su campaña propagandística del supuesto carácter de «obra humana y justa» de dichos centros, indicó Castro en la citada carta, leída por el ministro del Interior, Lázaro Alberto Álvarez Casas.
Desconociendo el panorama desolador de las instituciones penitenciarias a día de hoy, el nonagenario general destacó el «sacrificio, entrega y dedicación» de los agentes de dichos centros para «transformar el horror que se vivía en las cárceles cubanas antes del triunfo de la Revolución y desarrollar numerosos programas que cambiaron radicalmente esa terrible realidad». No obstante, numerosos testimonios dan cuenta de que dicho horror continúa y está enquistado de forma sistémica.
En tal sentido, en declaraciones a DIARIO DE CUBA, la directora del Centro de Documentación de Prisiones Cubanas, Camila Rodríguez, enfatizó que «el sistema penitenciario cubano es hoy un espacio de degradación humana y represión política. No se trata de fallas aisladas, sino de una política estructural de castigo y silencio que requiere una respuesta internacional firme».
Sin embargo, el menor de los hermanos Castro mintió al sostener que las cárceles del régimen se han destacado por «la observancia estricta de las leyes, el respeto a las normas de convivencia, la formación de valores, las prácticas deportivas y culturales».
A pesar de que las autoridades penitenciarias y judiciales violan de forma sistemática los derechos de los presos, incluso aquellos que reconocen las propias leyes cubanas, Castro resaltó, como un ejemplo de buenas prácticas, que «las personas recluidas puedan estudiar, capacitarse, trabajar y reinsertarse en nuestra sociedad con todas las herramientas para continuar sus vidas».
En cuanto al trabajo, no pocas investigaciones han revelado cómo el régimen explota laboralmente a los reos en la producción de carbón vegetal, entre otras acciones. Respecto a la reinserción, ejemplos recientes desmienten a Castro, toda vez que las fuerzas represivas han incrementado en los últimos meses el hostigamiento contra numerosos presos políticos que, a pesar de haber cumplido sus condenas y sido excarcelados, continúan siendo víctimas del acoso del régimen, que impide su reinserción y, ya en la calle, les bloquea el acceso al mundo laboral y a determinados tratamientos médicos.
Si bien el acto se dedicó a ignorar la lamentable realidad de las cárceles y ponderar el supuesto trato humano que reciben los reos, el general de brigada Abelardo Jiménez González, jefe de la Dirección de Establecimientos Penitenciarios del Ministerio del Interior, reconoció que estos 65 años han sido un camino «plagado de dificultades y tropiezos».
En un informe reciente, el Centro de Documentación de Prisiones Cubanas dio cuenta del colapso del sistema penitenciario al señalar que «las denuncias por malas condiciones de vida en prisión abarcaron prácticamente todos los ámbitos en que se desarrolla el día a día de las personas reclusas: comida insuficiente, mal elaborada y en mal estado, desnutrición, abastecimiento insuficiente de agua, infraestructuras deficientes, falta de colchones, plagas de roedores e insectos y brotes epidémicos».