El régimen cubano reconoce un escenario internacional cada vez más adverso y culpa a EEUU
- Cuba
- julio 29, 2026
- No Comment
- 6
El Gobierno de EEUU busca «criminalizar la simpatía por la Revolución cubana». Así justificó este miércoles el canciller del régimen, Bruno Rodríguez, los crecientes cuestionamientos internacionales al castrismo, marcados por la pérdida de apoyos y el silencio de antiguos aliados. Durante una comparecencia ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, Rodríguez reconoció que el contexto político internacional respecto a la Isla «se ha agravado significativamente», pero intentó, no obstante, maquillar el panorama.
Si bien se refirió a unas supuestas «amplias relaciones de amistad y cooperación con la comunidad internacional, sustentadas en el respeto mutuo, incluso con países con los que existen diferencias políticas», Rodríguez culpó a Washington por la distancia que han marcado numerosos países, toda vez que la Administración Trump lleva a cabo «un plan orientado a restringir las fuentes de ingresos financieros, el acceso a mercados, tecnologías y suministros esenciales, incluidos alimentos, medicinas, combustibles, piezas de repuesto, paneles solares y otros insumos vinculados a la generación de energía», dijo.
EEUU «ha tomado la decisión de quebrantar y destruir el derecho internacional, la Carta de las Naciones Unidas y los pilares que, durante más de 80 años, han guiado las relaciones entre los Estados sobre la base del respeto a la soberanía y a la igualdad soberana», se quejó.
«Washington ha recurrido a la intimidación, la coerción, las medidas coercitivas unilaterales, los aranceles comerciales y la fuerza militar para imponer su voluntad», enfatizó, al tiempo que recurrió una vez más a la narrativa bélica que impera en La Habana desde enero: «Tenemos el derecho y el deber supremo de defendernos incluso con las armas si somos agredidos militarmente».
A pesar de referirse a las armas en cada intervención sobre EEUU, Rodríguez recalcó que el régimen «mantiene su disposición al diálogo», al tiempo que señaló que el Gobierno cubano ha aceptado «con paciencia» las propuestas de conversaciones formuladas por Washington. Sin embargo, estas no habrían dado frutos.
Asimismo, como ha hecho desde que fue ofrecida el pasado mes de mayo, el canciller cubano desdeñó la ayuda humanitaria enviada por EEUU y cuestionó su alcance real. «La verdadera política estadounidense hacia la Isla se expresa mediante la coerción y el recrudecimiento del bloqueo, con el objetivo de provocar el mayor castigo posible al pueblo cubano para forzar su rendición», dijo, manteniendo la posición crítica respecto a los donativos de Washington.
Al cierre de su intervención, Rodríguez afirmó que «la defensa de la independencia, la Revolución, el socialismo y la existencia misma de la nación cubana exige comprender el complejo escenario internacional y actuar en consecuencia». No obstante, no se refirió a lo que significa, en la estrategia actual de La Habana, «actuar en consecuencia».
Quienes sí llevan meses actuando en consecuencia y exigiéndole responsabilidades al régimen son numerosos gobiernos y parlamentos internacionales, así como organismos de índole política y de derechos humanos. En tal sentido, el más reciente incidente en la política exterior cubana ocurrió esta semana, cuando la Cancillería acusó al nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, de «subordinación a la política de agresión de EEUU», luego de que este anunciara el pasado domingo que romperá relaciones diplomáticas con el régimen cubano.
Poco antes, La Habana sostuvo un rifirrafe diplomático con la Unión Europea, como muestra del debilitamiento de las relaciones bilaterales, que hace que penda de un hilo la ratificación del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación.
Así, luego de que el Parlamento Europeo exigiera «una transición hacia una democracia multipartidista plena» en Cuba, así como la activación de sanciones contra los responsables de la represión en la Isla, el régimen acusó al bloque de llevar a cabo «otro ejercicio de manipulación política, doble rasero y subordinación a las agendas políticas más extremistas y hostiles de EEUU».