¿Qué le importa al tigre una raya más? Cien años de aquel cretino

¿Qué le importa al tigre una raya más? Cien años de aquel cretino

  • Cuba
  • agosto 13, 2026
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DIARIO DE CUBA invita a Román Gutiérrez Aragoneses, detective psíquico, a comentar el caso de Fidel Castro Ruz, en su centenario, y esto nos dice.


Hace cien años nació uno de los tantos cretinos de la historia de Cuba: Fidel Castro. Y no digo el más cretino de todos —como debería ser— porque a este pedazo de imbécil no lo voy a poner aquí en lo más alto en nada, ni por asomo.

Fidel no fue un tipo especial ni mucho menos. Quienes todavía lo llevan así en sus mentes han sido cegados por el resplandor y el protagonismo de esa miserable historia de vida que él mismo fue construyéndose a costa de traicionar a muchos. Así cualquiera hace ruido. Su mayor virtud fue engañar a todos. Aunque, para ser justos, encontró a mucha gente dispuesta a dejarse engañar.

Aquí todo el mundo ha oído a cientos de personas de generaciones anteriores decir que se fueron desilusionando de la Revolución con el tiempo. Les digo algo: quien se desilusionó fue porque, en algún momento, estuvo ilusionado. Y mientras toda esa gente creía en aquello, la bestia ganaba terreno. Para cuando empezaron a darse cuenta, ya era demasiado tarde.

Y aquí entran los astros.

Fidel Castro fue una persona influenciada por los astros. Como cualquiera. Ahí no hubo nada nuevo: vivió con exactitud de relojero su programación evidente de dictador con la suerte (que muchos le proporcionaron) de salirse con la suya.

Su vida puede explicarse perfectamente a través de la astrología y los calendarios. Todo lo que ocurre en este mundo ya ocurrió antes y, con Fidel, la cosa no iba a ser diferente.

Las rayas del tigre

Fidel nació en 1926, año del Tigre de Fuego en el zodiaco chino.

El signo del Tigre simboliza el poder impredecible. Como son personas de acción, necesitan de la aventura y hacen lo que sea para no pasar desapercibidas. Si hay un signo que persigue a toda costa ser el centro de atención, ese es el Tigre. Por eso siempre intervienen en acontecimientos sociales o políticos en busca del liderazgo que tanto desean.

Oigan bien ahora: todo carisma o sutileza no necesariamente viene acompañado de una nobleza equivalente. Y estos Tigres son el ejemplo vivo de ello. Sucede que el Tigre es consciente del magnetismo que ejerce sobre los demás y casi siempre logra lo que quiere gracias a eso. Las personas deberían saber que, una vez que el Tigre consigue su objetivo de hacerse con el control, automáticamente desatará su parte repugnante.

No jueguen con estos gatos.

Yo siempre asocio a los Tigres con los niños que se enfurecen cuando una persona mayor les niega algo. Ese berrinche, ese estallido energético irracional por no poder llevar a cabo un capricho, es muy del Tigre. Por eso pueden crecer con un resentimiento feroz hacia cualquier figura de autoridad.

Y esto pasa por algo: en el reino animal, el tigre se marcha después del apareamiento con la tigresa. Entonces, la tigresa tiene que hacerse cargo sola de sus tigrecitos. O sea, simbólicamente, el Tigre crece con la figura paterna ausente.

Fidel era hijo ilegítimo de un inmigrante español latifundista con 12.000 hectáreas. Fue enviado a los cinco años a vivir con el cónsul haitiano en Santiago de Cuba para esconder su bastardía. En la escuela lo humillaban por ser hijo de una cocinera analfabeta; le decían «judío» porque no estaba bautizado. Fue registrado como Fidel Hipólito Ruz, sin apellido paterno. No lo bautizaron hasta los ocho años y creció con la vergüenza de ser bastardo.

Cuando este tipo de tigre se hace adulto, ya el concepto de familia o de vida tradicional le importa tres timbales. Su miserable experiencia los deja con una carencia afectiva que termina convirtiéndose en desprecio por la vida privada. No entienden la intimidad ni la calma; necesitan el foco y el caos.

El Tigre es el signo de los actores, políticos y otros disimulados por antonomasia. Gente que siempre esconde algo y que, además, siempre te sorprende. Ahí tenemos a Joseph Stalin: un Tigre sanguinario que aterrorizó a toda la Unión Soviética, una especie de Shere Khan dándole cacería a la raza humana matando a millones de personas. Y el gusto por la sangre y el avasallamiento encontró también su versión cubana en el cretino de Birán, responsable de uno de los proyectos más devastadores de la historia: la revolucioncita. Convirtió el país en una prisión-jaula y la vida privada en territorio sospechoso. Recuerden: familia y hogar, palabras enemigas del Tigre. Sembró la guerra psicológica en la población y dejó a la mayoría de los cubanos heredando, como si fuera patrimonio nacional, las ruinas de su delirio.

Tigre vs. Mono

Ahora bien: en el zodiaco chino, el signo opuesto al Tigre es el Mono. Entiéndase aquí la oposición de los signos como algo que tiende a la desarmonía y al enfrentamiento.

En otras palabras, el Tigre y el Mono son signos enemigos.

Un ejemplo de cómo se manifiesta esto en la vida es que los Estados Unidos de América se fundaron en 1776, año del Mono de Fuego.

Así que los Estados Unidos son una nación Mono y podemos notar, sin demasiado esfuerzo, que tanto Marx —Tigre—, Stalin –Tigre— como Fidel —Tigre— se enfrentaron a este país y a su ideología capitalista.

He ahí: tres tristes tigres nacidos en diferentes épocas enfrentados a la ideología y la cultura del país de King Kong en el Empire State.

Se puede deducir que, para los nacidos en el año del Tigre, el año del Mono representa un año nefasto, lleno de obstáculos e infortunios.

Así que, Fidel, como Tigre y común mortal, padeció toditos los años del Mono que le tocó vivir. Y aquí tengo una cronología de los problemas que tuvo:

1932, Año del Mono de Agua:  Con cinco años, tras ser enviado a estudiar a Santiago de Cuba, experimentó severas escaseces materiales. Esto ocurrió porque el dinero destinado a su sustento era utilizado por la maestra que lo hospedaba para mantener a su propio núcleo familiar, sumiéndolo en una etapa de privaciones y descuidos que lo marcó bastante.

1956, Año del Mono de Fuego: Muere su padre, Ángel Castro, en noviembre y, en diciembre, tiene lugar el fracaso militar del desembarco del Granma: un desastre estratégico que dispersó a sus tropas y puso en peligro el inicio de la revuelta. Dos planazos uno detrás de otro.

1968, Año del Mono de Tierra: Festival de problemas para Fidel. Sufre el desgaste interno provocado por la crisis de la «microfracción» —una conspiración prosoviética dentro de su propio partido— y también el agudo desabastecimiento inmediato derivado de la drástica Ofensiva Revolucionaria. Inicia además la concepción del proyecto de la Zafra de los Diez Millones para 1970. Otra locura de plan que terminará convirtiéndose en uno de sus grandes desastres económicos.

1980, Año del Mono de Metal: Descontento popular que provocó una grave crisis diplomática tras el asalto a la Embajada del Perú y, como remate, el éxodo masivo del Mariel.

1992, Año del Mono de Agua: Inicio del «Periodo Especial».

2004, Año del Mono de Madera: Es el año de su aparatosa caída pública en Santa Clara, tras dar un discurso. Se hizo polvo la rótula izquierda y se partió el brazo derecho.

2016, Año del Mono de Fuego: Fidel Castro muere a los 90 años.

Conclusiones

Fidel no fue un personaje especial ni mucho menos. Lo único que hizo fue adoptar el molde del patrón astrológico del Tigre como cualquier otra persona bajo la influencia inevitable de los astros. 

Fidel no escapó al destino de su molde y Cuba no escapó del molde del Tigre.

Aceptar que los cubanos están jodidos por haber tratado a un tigre como a una paloma es saberlo todo sobre ese asunto histórico. Si Fidel hizo lo que hizo fue gracias a mucha gente que lo apoyó. Todo líder al que apoyen lo suficiente está destinado a triunfar, traiga consigo la fortuna o la desgracia, como en este caso. La gente tomó decisiones, confió, permitió, sostuvo por miedo, obediencia o simpatía. Así que a lamentarse.

La obra del Tigre continúa en exhibición. Las consecuencias de haber confiado en la fiera en el pasado están a la vista de todos: el desastre alias Cuba.   

Por eso recuerden, para que no repitan el error:  al tigre, ni una raya más. 

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