Ortega lleva 50 días sin apariciones públicas, sumando ya seis meses oculto en 2026
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- octubre 22, 2026
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El dictador sandinista Daniel Ortega cumple 50 días sin aparecer públicamente desde su participación el 2 de septiembre en el acto oficial por el XLVII Aniversario de fundación del Ejército Popular Sandinista (EPS), en el que pronunció un discurso junto a Rosario Murillo.
Desde entonces, no se ha registrado otra comparecencia pública. Para el jueves, 22 de octubre, son exactamente 50 días.
Las prolongadas ausencias de Ortega se han convertido en habituales con los años, careciendo de explicaciones oficiales.
Este mismo año, Ortega ha tenido al menos cuatro períodos de ausencia pública: uno de 55 días entre febrero y abril, otro de 61 días entre mayo y julio, uno de aproximadamente 29 días entre julio y agosto, y el actual.
En total, el dictador acumula 195 días sin dar la cara, equivalente a unos seis meses y medio. En consecuencia, la gobernanza cotidiana recae más a menudo en su esposa, Rosario Murillo, a quien elevó a “codictadora” en 2025 mediante una reforma estructural.
Como contraste, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, pasó varios días entre agosto y septiembre de 2025 sin actos públicos, lo que entonces alimentó rumores en redes sociales sobre su estado de salud.
Esos seis días concluyeron el 2 de septiembre, cuando Trump dijo haber estado muy activo durante ese fin de semana y la Casa Blanca rechazó los rumores. La presencia de Trump había sido confirmada además en agendas oficiales, algo que en el caso de Ortega no es de difusión pública.
De la misma forma, la ausencia de Ortega ha menudo desata rumores sobre su salud que la dictadura no niega o descuenta. El dictador octogenario es afectado por varias enfermedades, de acuerdo con reportes de un médico familiar ahora en el exilio.
Entre estas enfermedades se encuentra el trastorno autoinmune lupus y la insuficiencia renal, aunque ninguna de las dolencias ha sido verificada independientemente.
En un sistema tan personalista como el construido por Ortega desde su regreso al poder en 2007, la posible muerte o incapacidad del dictador podría crear conflictos de lealtad y pugnas internas, por lo cual sus ausencias suponen un punto de incertidumbre para el régimen.