Los desafíos de María Corina Machado en una Venezuela de apagones y reclamos cotidianos
- Cuba
- octubre 22, 2026
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Este jueves 22 de octubre está convocada una movilización ciudadana pacífica en distintas ciudades venezolanas. María Corina Machado y su partido Vente Venezuela convocaron a una jornada nacional de movilizaciones para exigir un cronograma electoral que permita elecciones presidenciales en 2027, el regreso de la líder opositora al país y la libertad plena de los presos políticos.
La fecha coincide con el tercer aniversario de las primarias opositoras de 2023, en las que ella resultó ampliamente ganadora, y se enmarca en la propuesta de fijar los comicios el 24 de julio de 2027, aniversario del nacimiento de Simón Bolívar. La Plataforma Unitaria Democrática se sumó a la iniciativa.
Un día antes de las movilizaciones, la referente opositora en el diálogo con el chavismo, Dinorah Figuera, adelantó que las elecciones podrían ser, no antes, de fines de 2027 o incluso mencionó principios de 2028. Figuera fue ampliamente respaldada días atrás en EEUU por el secretario de Estado, Marco Rubio, con lo cual su decisión de mencionar fechas posibles, por primera vez, se ve conectado con Washington, según analistas.
La convocatoria de María Corina Machado ocurre sobre un telón de fondo de conflictividad social persistente. Según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS), en septiembre último se registraron 1.101 protestas, un promedio de 37 diarias y un incremento del 489% respecto a septiembre de 2025, cuando aún gobernaba Nicolás Maduro.
De estas protestas, 531 estuvieron motivadas por fallas eléctricas (con 376 manifestaciones nocturnas), mientras que el 83% de las demandas se centraron en derechos económicos, sociales, culturales y ambientales: carencia de servicios básicos, pérdida de poder adquisitivo, agua, vivienda, salarios y seguridad social. El OVCS documentó también 28 protestas reprimidas en 11 entidades de Venezuela.
Estos números reflejan una vida cotidiana marcada por cortes eléctricos que en algunas regiones alcanzan las 12 horas, problemas de agua y salarios que siguen siendo muy bajos, factores que, según análisis de observadores en el terreno, mantienen a gran parte de la población en una lógica de supervivencia más que de movilización política sostenida.
En ese contexto, el eventual regreso de Machado no se percibe, desde la lectura de algunos observadores, como un detonante inmediato de un cambio de régimen o de un estallido social.
A lo largo de este 2026 Venezuela ha asistido a la consolidación del Gobierno interino de Delcy Rodríguez, con el apoyo de EEUU y el control progresivo sobre las Fuerzas Armadas, el aparato comunicacional heredado del chavismo y la mayoría calificada en el seno de la Asamblea Nacional, con lo cual se ha reducido la percepción de inestabilidad que existía a comienzos de 2026, poco después de la captura de Nicolás Maduro.
Un chavismo residual crítico persiste, pero diluido. La presencia física de María Corina Machado dentro del país inyectaría presión sobre Delcy y su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional y junto a la mandataria, un tándem de poder, pero en sí el regreso de Machado no propiciaría un quiebre automático del statu quo vigente, según proyectan diplomáticos. El respaldo de la Casa Blanca a Delcy Rodríguez constituye un factor de peso.
Entretanto, dentro del país el aparato represivo permanece intacto, un elemento que muchos venezolanos no olvidan y que limita la disposición a la movilización de calle de alto riesgo. Además, los anuncios de inversiones multimillonarias en hidrocarburos no se han traducido todavía en mejoras sustanciales en la vida diaria de la mayoría. La combinación de apagones, servicios deficientes y poder adquisitivo erosionado hace que la atención ciudadana se centre en resolver problemas inmediatos.
En ese escenario, la figura de María Corina Machado, que según sondeos como los de Atlas Intel mantiene un apoyo elevado, con estimaciones de alrededor de seis de cada diez venezolanos que la elegirían si las elecciones fueran hoy, enfrenta el riesgo de desgaste por la distancia en la que está.
El Gobierno de Rodríguez ha dilatado la posibilidad de su retorno de manera que contribuya a mermar su imagen pública, alimentando narrativas en redes sobre que «no se atreve a volver».
Las condiciones para que un regreso de Machado tengan un impacto alto parecen condicionadas por factores externos e internos, según observadores. Una lectura frecuente es que requeriría una ruptura pública de Machado con la Administración Trump, algo que no ocurriría antes de las elecciones legislativas estadounidenses de noviembre de 2026, o, eventualmente una entrada por vías no convencionales que genere un hecho político sorpresivo.
La correlación de fuerzas actual, según esta lectura, favorece a María Corina Machado si las elecciones se celebraran hoy, con un segundo lugar disputado entre Delcy Rodríguez y un eventual outsider del mundo empresarial, tomando en consideración que de forma espontánea en los sondeos de la brasileña Atlas Intel viene apareciendo el nombre de Lorenzo Mendoza, el principal empresario de Venezuela. Cualquier figura no chavista en lisa electoral le restaría apoyos a Machado.
Pero, no hay elecciones a la vista, la fecha planteada por Figuera apunta a que ocurran en un lapso de 15 meses aproximadamente. El Gobierno de Delcy Rodríguez apuesta al desgaste del liderazgo de Machado con el paso del tiempo y su lejanía geográfica.
María Corina Machado ha logrado mantener bajo su influencia a la Plataforma Unitaria, pero la fragmentación opositora y la priorización de garantías institucionales sobre un calendario acelerado, como ha expresado Figuera en contraste con la presión de Machado por una fecha temprana, añaden capas de complejidad al devenir venezolano.
La jornada de este 22 de octubre pondrá a prueba la capacidad de traducir en presencia en las calles el apoyo a María Corina Machado expresado en sondeos y la memoria de las primarias en una movilización visible, en un país donde la protesta social está activa pero atomizada en demandas de servicios y donde el miedo a la represión no ha desaparecido.
Para María Corina Machado, el desafío central es convertir la fuerza cívica que ella y su entorno reivindican en presión efectiva para que las elecciones ocurran en julio de 2027. El resultado dependerá de si las calles responden hoy con la intensidad que la convocatoria busca o si la lógica de la supervivencia cotidiana y el cálculo de riesgos terminan por limitar el alcance de la jornada.