«Nicaragua vive una dictadura muy personalista», describe ex-encargado de negocios de EEUU
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- mayo 6, 2026
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El exdiplomático estadounidense Kevin O’Reilly, antiguo encargado de negocios en la embajada estadounidense de Managua, afirmó que el régimen sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha consolidado “un modelo de control altamente centralizado y represivo“, durante un panel organizado por Diálogo Interamericano el 5 de mayo.
En el evento cubriendo la Crisis democrática de Nicaragua: Consolidación del régimen autoritario y el futuro de las polícias de Estados Unidos, O’Reilly cuestionó la narrativa oficial en distintas áreas en las que el régimen colma con propaganda en un intento de mejorar su imagen tanto a nivel internacional como interno.
En el plano político, O’Reilly describió al sistema nicaragüense como una “dictadura muy personalista”. Relató que funcionarios estatales evitaban tomar decisiones por sí mismos, y en su lugar decían, ‘déjeme consultar con El Carmen’, en referencia a la residencia de la familia gobernante.
A su juicio, esto refleja un poder extremadamente concentrado y una falta de institucionalidad.
O’Reilly describió además un clima de temor dentro del aparato estatal. “Es un Estado muy paranoico”, afirmó, al relatar casos de funcionarios que desaparecen de la vida pública tras incidentes menores, incluso por participar en actividades diplomáticas. Según dijo, existe un fuerte control interno que inhibe cualquier disenso.
Sobre la estructura de poder, señaló que el sistema ha evolucionado hacia una “gerontocracia cerrada”, donde el liderazgo permanece concentrado en la cúpula familiar. “Nadie más está realmente listo para asumir el mando… porque el núcleo no confía en nadie”, explicó.
Un aparato politizado
También criticó el manejo de la política exterior y el servicio consular. Indicó que el régimen utiliza la diplomacia principalmente para “frustrar la rendición de cuentas” en espacios internacionales, mientras que ha abandonado funciones básicas hacia sus ciudadanos en el exterior.
“Han renunciado incluso al apoyo consular más básico”, sostuvo.
Habiendo trabajado en la legación estadounidense (2023-2025), O’Reilly cuestionó la narrativa de “el país más seguro de Centroamérica” que el régimen promulga. “La dictadura hace gran alarde de la seguridad en las calles. En parte de eso es una farsa… manipulan sus cifras”, dijo.
De hecho, el régimen sandinista lleva años sin publicar datos sobre criminalidad en Nicaragua. Y aunque el exfuncionario reconoció que “hay cierto grado de seguridad” en las calles del país, advirtió que esta suele lograrse “a través de medidas brutales de represión”.
El exfuncionario también abordó la salida de la oficina de la Agencia de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) de Nicaragua el año pasado. Según explicó, la decisión respondió tanto a limitaciones de recursos como a la falta de cooperación del régimen.
“Nunca se les permitió hacer nada útil (en Nicaragua)”, afirmó, señalando que el personal fue reasignado a operaciones con mayor impacto en la región.
Estabilidad a toda costa
Finalmente, subrayó que el régimen ha mantenido estabilidad política mediante dos mecanismos principales: evitar el colapso económico —aprendido tras la experiencia de 1979 a 1990— y controlar la sociedad reduciendo espacios de autonomía.
“Pueden cooptar o intimidar hasta el silencio”, afirmó. Añadió que esta estrategia también ha afectado a organizaciones religiosas, incluidas iglesias evangélicas, pero sobre todo a la Iglesia católica, que han visto restringidas sus actividades cuando desafían los límites impuestos por el poder.
Las declaraciones se producen en un contexto de creciente tensión entre Managua y Washington. El régimen sandinista mantiene una postura desafiante ante Estados Unidos, incluso después de que este demostrase su voluntad y capacidad de ejecutar acciones militares en la región.