El régimen acusa a Harvard de promover ‘abierta y vulgarmente la política de agresión de EEUU contra Cuba’
- Cuba
- septiembre 16, 2026
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El reciente informe del Grupo de Trabajo de Harvard sobre el Futuro de Cuba, en el que propone una transformación integral de la Isla para superar la crisis económica, institucional y social que atraviesa el país, no ha sentado bien en La Habana. En tal sentido, el vicecanciller del régimen, Carlos Fernández de Cossío, acusó a la prestigiosa institución de promover «abierta y vulgarmente la política de agresión de EEUU contra Cuba».
«Culpar al agredido e intentar lavar la cara del poderoso agresor puede ser monetariamente atractivo, pero es también moralmente indecoroso», sostuvo el alto funcionario en su perfil de Facebook, al tiempo que señaló a la universidad por «intentar justificar el atropello al pueblo cubano» cometido por Washington.
El informe, elaborado por académicos y expertos cubanos y extranjeros, sostiene que los problemas acumulados no pueden resolverse con ajustes parciales ni con medidas coyunturales. Así, plantea que «Cuba necesita avanzar hacia un modelo con mayor apertura económica, seguridad jurídica, descentralización y participación ciudadana».
Y es este escenario el que molesta al régimen, toda vez que, en lugar de referirse a las deficiencias y corrupción internas, Fernández de Cossío apuntó que, al suscribir el informe, sus autores «desconocen el impacto destructivo de la intensa y prolongada agresión estadounidense sobre la economía y la sociedad cubanas». Los acusó, asimismo, de «ayudar a tapar el crimen» y de ser «cómplices» de la política de la Administración Trump hacia el régimen.
Al tiempo que destacó «los esfuerzos por impulsar el desarrollo, garantizar la justicia social y responder a las necesidades y aspiraciones del pueblo», elementos no tangibles en la realidad ajada de miles de cubanos, Fernández de Cossío recriminó a los autores del informe «la ausencia de honestidad intelectual», toda vez que, dijo, «se supone sabrían distinguir cuál sería el impacto sobre cualquier país de una arremetida como la que sufre Cuba».
«Ninguno sería capaz de señalar con sinceridad al hablar de una crisis qué otro país, desarrollado o en desarrollo, lograría el crecimiento económico sostenido, garantizaría la estabilidad y el equilibrio social, evitaría un escenario de crisis y mantendría la paz nacional bajo una guerra tan despiadada como la que EEUU le ha impuesto a Cuba por más de seis décadas», remarcó, insistiendo en la narrativa de La Habana de acudir al victimismo y señalar a Washington por todos los males de la Isla.
Así, el informe de Harvard reclamó «cambios en el sistema político y en la relación entre el Estado, la sociedad civil y el sector privado».
Mientras el régimen busca enemigos a los que señalar, Harvard apuntó que «la combinación de la crisis estructural interna y las restricciones externas ha reducido la capacidad del Gobierno para garantizar bienestar y sostener el modelo vigente».
Al hilo de lo anterior, los expertos resaltaron que se trata de una economía marcada por la baja productividad, la escasez, la inflación, el deterioro de los servicios públicos y la pérdida de población.
La conclusión principal del estudio de Harvard es que Cuba enfrenta una disyuntiva: emprender una transformación profunda o continuar acumulando costos económicos, sociales y demográficos. Para los autores, preservar sin cambios el modelo vigente no garantiza estabilidad, sino que puede profundizar el deterioro.
Entre los autores del informe figuran varios intelectuales con los que La Habana ya ha confrontado antes por sus críticas al resquebrajamiento integral de la sociedad cubana inducido por el castrismo.
Entre ellos, la artivista Tania Bruguera, vinculada al Programa de Estudios de Cuba de la Universidad de Harvard; Michael Bustamante, historiador y profesor del Departamento de Historia de la Universidad de Miami; el economista Omar Everleny; el demógrafo Juan Carlos Albizu-Campos; la socióloga Mayra Espina, investigadora del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo; y Rafael Rojas, historiador y ensayista del Colegio de México.