Las bacterias de los árboles de mango podrían ayudar a limpiar el aire contaminado de Medellín

Las bacterias de los árboles de mango podrían ayudar a limpiar el aire contaminado de Medellín

  • Colombia
  • septiembre 24, 2026
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Los mundos microscópicos albergan misterios que aún la ciencia no descubre, y este podría ser uno de ellos. En las hojas de los árboles de Medellín existe un mundo microscópico que podría ser una pieza clave para enfrentar uno de los problemas ambientales más persistentes del Valle de Aburrá: la contaminación del aire.

Una investigación de la Universidad de Antioquia y la Institución Universitaria Colegio Mayor de Antioquia identificó las comunidades de bacterias que habitan las hojas de tres especies presentes en distintos sectores de la ciudad: mango, almendro y Thunbergia grandiflora, una enredadera de flores moradas.

El objetivo fue entender más allá del papel que tiene los árboles al capturar los contaminantes y estudiar como los microorganismos en sus hojas podrían ser capaces de degradarlos.

El proyecto, liderado por la profesora Nancy Johanna Pino Rodríguez, del grupo Diagnóstico y Control de la Contaminación (GDCON) de la UdeA, se desarrolló entre 2023 y 2025, con participación de investigadores de la Escuela de Microbiología, el Laboratorio de Monitoreo Ambiental (G-Lima) y el grupo Biociencias del Colegio Mayor de Antioquia.

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El mango dio la sorpresa

Según contó Miguel Octavio Pérez Navarro, microbiólogo y coinvestigador del proyecto, la investigación empezó con recorrer cinco puntos de Medellín y recolectar muestras de hojas de estos árboles. “Nosotros quisimos ir un poco más allá y es estudiar algo que normalmente pues pasa desapercibido, que son los microorganismos y en especial aquellos que viven en las superficies de las hojas”, afirma.

Luego, esas hojas entraron al laboratorio. Les realizaron un análisis genético y lograron identificar cientos de bacterias asociadas a las plantas, es decir, habitantes de los árboles. Entre los géneros que aparecieron de manera recurrente estuvieron Methylobacterium, Deinococcus, Hymenobacter y Sphingomonas.

Al revisar sus características y su potencial metabólico, el equipo encontró que algunas de estas bacterias podrían participar en procesos relacionados con la degradación de contaminantes.

Pero la especie que más sorprendió fue el mango. Entonces, este árbol no solo es una excelente sombrilla, sino que también sería el purificador de solares y calles de la ciudad.

Los investigadores inicialmente esperaban encontrar mejores resultados en la Thunbergia, precisamente porque es una planta que se ha utilizado ampliamente en algunos espacios urbanos y parecía tolerar bien las condiciones ambientales. Sin embargo, fueron las comunidades bacterianas asociadas al mango las que mostraron mayor potencial.

¿Cómo limpian la contaminación?

Para entender cómo funciona este proceso, hay que conocer el metabolismo de estos microorganismos. El investigador Pérez, explica que las bacterias necesitan una fuente de carbono para obtener energía. Por eso, en condiciones controladas de laboratorio, los investigadores utilizaron catecol, un compuesto orgánico aromático con la fórmula química C₆H₄(OH)₂, como insumo de prueba.

Si una bacteria puede degradarlo, produce dióxido de carbono. Al medir cuánto CO₂ genera, los científicos pueden establecer si el microorganismo tiene capacidad para utilizar ese compuesto como fuente de energía.

En otras palabras, el experimento busca entender qué tan capaces son las bacterias de “comerse” determinadas sustancias y transformarlas mediante su metabolismo, proceso que llaman degradación.

A partir de las bacterias asociadas al mango, el equipo seleccionó cuatro microorganismos para continuar con los experimentos de laboratorio: Microbacterium radiodurans, Brachybacterium rhamnosum, Sphingomonas citri y una especie del género Curtobacterium que todavía está siendo identificada.

Ahora, vale precisar que los científicos todavía no pueden afirmar que estas bacterias sean capaces de descontaminar el aire de Medellín. Lo que han encontrado es un potencial que debe ser comprobado mediante nuevos experimentos.

”Nosotros todavía no podemos concluir o decir que realmente esas bacterias sí se comen el material particulado. Todavía faltan hacer muchos estudios para esto, pero tienen mucho potencial porque tienen la genética y porque en estas condiciones que inicialmente estamos ensayando han mostrado que tienen esa capacidad”, recalca Pérez.

Hasta ahora, la evidencia combina la información genética de los microorganismos con ensayos controlados en laboratorio. El siguiente paso es determinar si efectivamente pueden degradar contaminantes, si el proceso es reproducible y, además, si su utilización sería segura para las plantas y para los ecosistemas.

Los investigadores también deben evaluar qué ocurre cuando estas bacterias se incorporan nuevamente a la hoja de la planta de la que fueron aisladas y si su presencia modifica el equilibrio de ese ecosistema microscópico.

¿Y cómo podría aplicarse en Medellín?

Si los experimentos posteriores confirman su efectividad y seguridad, el conocimiento obtenido podría servir como base para desarrollar estrategias de fitorremediación que combinen plantas y microorganismos.

Una posibilidad futura sería estudiar si determinadas especies de árboles, por las bacterias que albergan en sus hojas, pueden ser especialmente útiles en corredores verdes o espacios urbanos sometidos a mayores niveles de contaminación.

Pero los investigadores insisten en que esto todavía pertenece al terreno de las posibilidades.

La investigación apenas ha estudiado tres especies vegetales y existe un universo mucho más amplio de plantas y microorganismos por explorar. Por eso, antes de pensar en inocular bacterias en árboles de la ciudad o diseñar infraestructura verde con esta finalidad, todavía hacen falta experimentos y evaluaciones de seguridad ecológica.

Lo más importante, es que el hallazgo abre una pregunta sobre la capacidad que podrían tener los árboles urbanos en la gestión de la contaminación.

David Aguiar, investigador de G-Lima, plantea que los árboles pueden cumplir un doble papel: ayudar a capturar contaminantes y, potencialmente, funcionar como una especie de “estación de monitoreo vivo” en lugares donde no existe una estación oficial de medición.

El investigador Pérez también recuerda lo importante que es mirar hacia el gran potencial que tiene el mundo micro: “Nosotros queremos que se vea que los microorganismos tienen ese potencial y que también pueden contribuir a esos desafíos ambientales de ciudad”.

El contexto de Medellín hace especialmente relevante esta investigación. La topografía del Valle de Aburrá dificulta la dispersión de contaminantes y el PM2.5 constituye uno de los principales problemas de calidad del aire. Sin embargo, Medellín ha sido reconocida precisamente por sus políticas públicas de árboles urbanos.

La investigación es un primer paso. Los investigadores recuerdan que las bacterias y los árboles no pueden resolver por sí solos la contaminación atmosférica. Para enfrentar el problema también es necesario actuar sobre las fuentes de emisión, fortalecer el monitoreo y desarrollar políticas públicas que reduzcan los contaminantes desde su origen.

Pero claro que el conocimiento generado por este tipo de investigaciones puede ser un insumo que permita que la innovación se active y se desarrollen dichas estrategias de fitorremediación, o soluciones basadas en la naturaleza, para combatir la contaminación del aire que año a año prende las alarmas.

Lea más: Alcaldía de Medellín taló más de 100 árboles en el parque La Presidenta, ¿por qué?

Bloque de preguntas y respuestas

¿Qué descubrió la investigación sobre las bacterias de las hojas en Medellín?
Científicos de la Universidad de Antioquia y el Colegio Mayor de Antioquia identificaron comunidades de bacterias en las hojas de árboles urbanos (especialmente en el mango) que poseen la genética y el potencial metabólico para participar en la degradación de compuestos contaminantes del aire.
¿Cuáles fueron las especies de plantas estudiadas en el proyecto?
El estudio evaluó tres especies presentes en Medellín: el mango ( Mangifera indica), el almendro ( Terminalia catappa) y la Thunbergia grandiflora (enredadera de flores moradas). Las bacterias asociadas al mango mostraron la mayor capacidad metabólica de degradación.

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