RSF: libertad de prensa es «casi inexistente» en Nicaragua
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- abril 30, 2026
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Nicaragua fue ubicada en el puesto 168 de 180 países en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de 2026, elaborada por la organización pro-libertad de prensa Reporteros Sin Fronteras (RSF), con una puntuación de 24,98 puntos, en una situación calificada como “muy grave” para los comunicadores independientes.
Según el informe anual de RSF, el país centroamericano registra uno de los peores desempeños de América Latina, solo por delante de unos pocos países a nivel mundial.
Sus indicadores más débiles son el político (169º, 13,94 puntos) y el de seguridad (169º, 24,09), así como el legislativo (171º, 19,55), reflrejando un control férreo del Estado sobre la información y un entorno altamente hostil para el ejercicio periodístico independiente a causa de la dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
La Clasificación 2026 de RSF alerta que la libertad de prensa mundial ha caído a su peor nivel en 25 años: más de la mitad de los 180 países evaluados (52,2 %) se encuentran en situación “difícil” o “muy grave”.
El declive se explica, entre otros factores, por el abuso de leyes de “seguridad nacional” y “ciberdelitos” para criminalizar el periodismo, el deterioro del marco legal en más de 110 países y la erosión del derecho a la información incluso en democracias consolidadas.
En Hispanoaméria, la tendencia es particularmente negativa. Países como Ecuador, Perú, Venezuela y Nicaragua han experimentado caídas significativas, inmersos en espirales de violencia, represión y deterioro de las condiciones para los medios independientes.
Si bien Nicaragua mejoró ligeramente su posición respecto a 2025 (cuando ocupó el puesto 172 con 22,83 puntos), el diagnóstico es que se mantiene en el abismo de la clasificación. La organización describe la situación como una “auténtica pesadilla” para la prensa independiente.
Sería precisamente este ambiente represivo el que impide la denuncia misma —como han notado varias organizaciones opositoras—, llevando a una mejoría sólo reflejada en los indicadores, mas no en la realidad.
RSF señala que la represión contra medios y periodistas se ha convertido en “una estrategia central” del régimen de Ortega y su esposa, la codictadora Rosario Murillo, para silenciar cualquier forma de disidencia.
Entre las medidas destacan:
- Confiscación o ocupación de medios independientes (como La Prensa, Confidencial y 100% Noticias).
- Control directo de la familia Ortega-Murillo sobre canales de televisión y radios estatales, convertidos en herramientas de propaganda.
- Detenciones arbitrarias de directores y periodistas bajo acusaciones de “traición a la patria”, “blanqueo de capitales” o “difusión de noticias falsas”, sin pruebas consistentes.
- Allanamientos sin orden judicial, confiscación de equipos, interrogatorios y obligación de reportarse ante la policía.
- Reformas legales (Ley de Ciberdelitos y Ley de Agentes Extranjeros) que restringen el financiamiento y penalizan severamente la información crítica, incluso para nicaragüenses en el exilio.
- Estigmatización pública y campañas de acoso que han obligado al exilio a centenares de periodistas.
Como resultado, prácticamente no quedan medios independientes operando dentro del país, como han notado colectivos de comunicadores exiliados. Los pocos periodistas que permanecen trabajan de forma clandestina, sin firmar sus artículos, mientras que la mayoría informa desde el exilio a través de redes sociales.
RSF concluyó que, bajo el actual régimen, la libertad de prensa en Nicaragua es “casi inexistente” y forma parte de un control más amplio sobre la sociedad civil, opositores y cualquier voz crítica. La organización ha documentado casos de desapariciones forzadas y ha pedido investigaciones internacionales sobre la situación de periodistas y defensores de derechos humanos.