Ortega ataca a Trump en un discurso plagado de mentiras e hipocresía
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- abril 21, 2026
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El dictador sandinista Daniel Ortega atacó nuevamente a los Estados Unidos en un acto oficial la noche del lunes, 20 de abril, en la Avenida Bolívar, siempre cuidando de no mencionar por nombre al presidente Donald Trump, su línea discursiva desde la intervención que capturó al dictador venezolano Nicolás Maduro el 3 de enero.
Desde el inicio, Ortega centró su narrativa en denunciar a Washington como una potencia agresora, afirmando que “en los Estados Unidos de Norteamérica no hay democracia” y señalando que quien gobierna ese país “se ha vuelto experto en tirar bombas… manda a los soldados a que expongan la vida”, refiriéndose a la corriente Guerra en Irán.
A lo largo de su intervención, el mandatario utilizó referencias indirectas para atacar al liderazgo estadounidense, al que acusó de actuar al margen de la ley y de los organismos internacionales que él mismo ha condenado en repetidas ocasiones como “imperialistas” cuando han denunciado sus violaciones a los derechos humanos.
“Al que está mandando allá en los Estados Unidos le importa poco lo que digan los organismos internacionales… le importa poco el papel que puedan jugar los congresos, los senados”, dijo Ortega, quien ordenó al país retirarse de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de organismos como el Consejo de Derechos Humanos, denunciando ambas instancias como “injerencistas” por haber denunciado los abusos contra la población nicaragüense.
Asimismo, durante 19 años de dominio en la política nicaragüense, Ortega ha anulado la independencia de todos los poderes del Estado, incluyendo a la Asamblea Nacional, cambios que oficializó con cambios a la constitución en 2025.
Según Ortega, el comportamiento de Trump es “propio de alguien que perdió la cabeza y cree que puede hacer cualquier cosa, cualquier barbaridad”, y agregando que “no está en sus cinco sentidos”, a pesar de que él mismo ha demostrado señales de deterioro cognitivo en sus apariciones públicas.
El discurso también incluyó referencias a conflictos internacionales recientes, particularmente en Medio Oriente. Ortega acusó a Estados Unidos de causar muertes civiles, afirmando que en Irán “70 niños (fueron) asesinados en la primera oleada”, y calificó estas acciones como “una cosa de horror”.
En 2018, fuerzas de seguridad y paramilitares del régimen sandinista asesinaron a casi 30 niños y menores de edad en el contexto del estallido social de abril reprimido con violencia, incluyendo a dos bebés quemados vivos en una de las peores masacres en la historia reciente de Nicaragua.
Estas declaraciones se asemejan al concepto psicológico de la “proyección“, un mecanismo de defensa inconsciente, descrito por Sigmund Freud, mediante el cual una persona atribuye sus propios pensamientos, deseos, inseguridades, conductas e impulsos inaceptables a otra persona.
Le duelen las sanciones
En paralelo, retomó su narrativa histórica antiestadounidense, evocando la derrota de William Walker en el siglo XIX y la resistencia del caudillo Augusto Calderón Sandino frente a la ocupación militar estadounidense a principios del siglo XX.
“Ocho años y no lograron derrotar a Sandino… no les quedó más camino que retirarse derrotados de Nicaragua”, sostuvo Ortega, una imprecisión ya que los marines fueron ordenados retirarse de Nicaragua debido a factores externos como la Gran Depresión, y no porque Sandino lograse superar militarmente a los estadounidenses y a la Guardia Nacional.
Sandino rara vez tenía éxito en el campo de batalla, limitándose a hostigar a fuerzas superiores en número y entrenamiento, y al pillaje contra la propia población nicaragüense, y fue neutralizado apenas un año después de retirarse los marines.
Ortega también exigió el cese de sanciones contra Nicaragua —las más recientes habían sido aplicadas apenas días antes—, Cuba y Venezuela, calificándolas como ilegítimas. Sus propios hijos, Maurice y Daniel Edmundo, habían sido sancionados por su participación en corruptelas en la industria aurífera.
“Sanciones que sencillamente atentan contra la vida de los ciudadanos… andan espulgando a ver a quién sancionan… ¿y con qué autoridad?”. Incluso reactivó el reclamo histórico ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), afirmando que Estados Unidos “tiene una deuda con Nicaragua… ¡pagá, pagá y no andés matoneando!”, a pesar de que esta fue condonado hace décadas por el gobierno de Violeta Barrios de Chamorro, un acto oficial reconocido a nivel internacional pero que el sandinismo insiste en anular, fútilmente.
Por su parte, la codictadora Rosario Murillo reforzó el mensaje con un discurso cargado de retórica religiosa y consignas políticas, insistiendo en que el país vive en armonía, “en paz… triunfa en unidad”, proclamó, mientras reiteraba que abril representa una etapa superada: “Abril, ¿para qué? Para seguir venciendo en armonía, en comunidad, en familia”.
Murillo evitó cualquier reconocimiento de la represión de 2018 y, en cambio, reivindicó la versión oficial del régimen, la de un “intento de golpe de Estado”, al afirmar que quienes se opusieron a su dictadura “no son nicaragüenses, están en otros lados, en otras latitudes”.
“Aquí no hay traidores… los traidores se montaron al avión”, dijo Murillo en referencia a los cientos de presos políticos que ha exiliado y cuya nacionalidad ha revocado en los últimos años.
En su intervención también destacó el componente religioso del acto, presentando a Nicaragua como una nación protegida espiritualmente. Se declaró a Jesucristo “el Señor de Nicaragua” durante la oración central, en la que se pidió por los líderes del país y por la continuidad de la “paz”, a pesar del el clima de represión religiosa impuesto por el régimen desde hace ocho años.
El discurso, cargado de mentiras, imprecisiones y malas representaciones de la realidad, es uno de los más virulentos pronunciados hasta la fecha por los codictadores, quienes de otro modo han intentado mantener un perfil bajo de cara a un Estados Unidos más agresivo y dispuesto a intervenir contra las dictaduras de ultra-izquierda en el continente.