Mateo Pérez hizo mensajería y vendió ensaladas y jugos para poder ejercer el periodismo
- Colombia
- mayo 10, 2026
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El joven periodista, de 24 años, fue asesinado por las disidencias de las Farc en Briceño. Ayer le rindieron honores. Esta es su historia de trabajo. Un homenaje.
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Periodistas de Antioquia hicieron un plantón en La Alpujarra para honrar la memoria de Mateo y pedir justicia ante su asesinato ocurrido en la zona rural de Briceño. Foto: Camilo Suárez. -
Anoche, frente a la basílica de Yarumal, los amigos y familia de Mateo Pérez se celebraron una velatón y leyeron sus trabajos de la revista El Confidente. Foto: Mariano Herrera
Mateo Pérez Rueda estudiaba Ciencia Política en la Universidad Nacional sede Medellín y escribía poesía. Era hijo de una maestra próxima a pensionarse y de un comerciante reconocido en Yarumal. Según relató su padre, Carlos Pérez, a Blu Radio, el joven tenía un sueño que repetía con frecuencia: quería hacer sus prácticas y trabajar en el periódico EL COLOMBIANO, pues su pasión era el periodismo escrito.
Para sostener esa pasión y financiar su medio digital, El Confidente, trabajó como mensajero, vendió ensaladas e incluso ofreció jugos en el garaje de su casa. Jorge Rueda, su primo, recuerda que Mateo comenzó en el oficio a los 20 años en el medio Las gafas de J. Tres años atrás fundó su propio proyecto en Facebook, donde denunciaba el manejo de recursos públicos y la crisis de violencia en el Norte antioqueño, diciendo cosas que otros no se atreverían. Esa rigurosidad le valió acoso judicial y presiones de funcionarios públicos, como él mismo denunció en 2024: “Saben que cuando uno va a conciliar, ellos no lo hacen y deciden seguir el proceso para desgastarlo a uno”.
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La última persona con la que habló fue su padre. Se despidieron a las ocho de la mañana del martes 5 de mayo, cuando partió hacia Briceño. Don Carlos le pidió que no fuera porque la zona estaba “muy caliente”, pero Mateo, para tranquilizarlo, le mintió diciendo que había militares y no corría peligro. Buscaba información sobre los combates entre el Clan del Golfo y el frente 36 de las disidencias de las Farc.
En Briceño, la Policía y la Personería le advirtieron que no saliera del casco urbano, pero Mateo fue en moto hacia la vereda Palmichal. Según testimonios recogidos por este diario, habría sido interceptado en el sector de El Hoyo, donde fue sometido a torturas e interrogatorios frente a la comunidad, para luego ser asesinado por disidentes de las Farc. Su motocicleta y su teléfono quedaron tirados en la vía.
Luego de tres días de angustia, una misión humanitaria del CICR y la Defensoría del Pueblo halló su cuerpo el viernes. Su muerte por causas violentas fue confirmada pese a la esperanza de sus padres, convirtiéndose en el octavo periodista asesinado en el país durante el actual gobierno, según la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP). Del crimen se señala a Víctor Chalá, por quien la Gobernación de Antioquia ofreció una recompensa de $300 millones.
Ayer sábado, periodistas de múltiples medios se reunieron al lado de la Llama Eterna en La Alpujarra para rendirle homenaje. Entre micrófonos, cámaras y fotos de Mateo, el Círculo de Periodistas de Antioquia dejó un mensaje contundente: “No se mata la verdad matando periodistas”.
En la noche, en el parque central de Yarumal, también familiares y amigos del fallecido periodista hicieron una velatón en su honor.
Anoche, frente a la basílica de Yarumal, los amigos y familia de Mateo Pérez se celebraron una velatón y leyeron sus trabajos de la revista El Confidente. Foto: Mariano Herrera
Colombia hoy está en duelo por un joven de 24 años que, movido por la pasión por la verdad, se adentró en su territorio para exponer las realidades incómodas que afectan a su comunidad.
La desaparición de Mateo, reportada desde aquel martes 5 de mayo activó una alerta que unió a colegas de todo el departamento. Durante las 72 horas de incertidumbre, las redes sociales y los medios de comunicación se convirtieron en el megáfono de una familia que, en Yarumal, esperaba un milagro. Sin embargo, el viernes, la misión humanitaria liderada por el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y la Defensoría del Pueblo confirmó el hallazgo en una zona de difícil acceso. Tras el levantamiento, el cuerpo fue trasladado a la sede del Instituto de Medicina Legal con el fin de establecer mediante protocolos científicos la saña de sus captores y esclarecer las circunstancias exactas de su deceso.
La vocación de Mateo tenía raíces profundas. En Las gafas de J, el medio dirigido por su primo Jorge Rueda, el joven aprendió los rudimentos del reportaje local. Posteriormente, pasó por otros medios hasta que, hace creó El Confidente.
Este proyecto digital, aunque virtual en su formato, se convirtió en una herramienta física de cambio en Yarumal. Con el apoyo de amigos que aportaban textos y caricaturas, Mateo logró que el medio fuera una referencia obligada en Facebook para quienes buscaban entender el manejo de los recursos públicos en los municipios del norte. Su tono, siempre de denuncia, le granjeó el respeto de la comunidad y la enemistad de quienes se sentían señalados por su rigor.
Para Mateo, el periodismo no era un negocio. Su padre, Carlos Pérez, enfatizó que El Confidente nació de la pasión. Para cubrir sus gastos personales y financiar el medio, Mateo tuvo oficios diversos: mensajero en las calles de Medellín, vendedor de ensaladas y jugos en el garaje familiar.
Las últimas horas del periodista fueron de búsqueda incansable de fuentes. Antes de enfilar hacia la zona rural, Mateo recorrió Briceño: el hospital, la estación de Policía y la oficina de la Personería. Todos le dijeron que el orden público era difícil y nadie podía protegerlo más allá del casco urbano.
El testimonio de los habitantes de la zona de El Hoyo es desgarrador. Describen cómo el joven fue interceptado mientras conducía su motocicleta. Los captores no solo buscaban silenciarlo, sino también enviarle un mensaje al resto de la comunidad mediante tratos crueles y un interrogatorio público que buscaba deslegitimar su labor.
Tras el asesinato, los disidentes ordenaron la inhumación del cuerpo. Fue gracias a la presión comunitaria y a los reportes de los campesinos que se pudo identificar el lugar donde abandonaron sus pertenencias: la motocicleta con las llaves puestas y su teléfono móvil.
La confirmación del asesinato llegó primero a los oídos de su familia a través de los canales humanitarios. Jorge Rueda relató que, desde la tarde del martes, el contacto con el CICR fue constante, preparándolos para el peor escenario. Incluso en medio del riesgo, el padre y el hermano de Mateo intentaron viajar a Briceño para liderar la búsqueda, pero fueron disuadidos por la delegación humanitaria ante el inminente peligro.
Durante el plantón de ayer, rodeado de banderas de Colombia y Antioquia, se recordó que Mateo será siempre aquel estudiante que soñaba con las redacciones de EL COLOMBIANO, un joven que entendió que la calidad informativa es un derecho de los habitantes de su territorio, especialmente de aquellos cuyas historias quedan ocultas bajo el estruendo de la guerra. Su muerte deja un vacío en la U. Nacional y en las calles de Yarumal, pero su valentía reafirma el compromiso de un oficio que se niega a retroceder.
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