Germán Vargas Lleras, las veces que la muerte lo rondó
- Colombia
- mayo 9, 2026
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“Por suerte o por la Divina Providencia, en varios episodios logré salvar mi vida solo por fracciones de segundos… o de centímetros”, escribió en un libro Germán Vargas Lleras sobre las veces en las que se le escapó a la muerte: perdió tres dedos en un atentado dentro del Congreso, salió ileso tras la explosión de un carro bomba en Bogotá y sobrevivió en un vuelo que casi se estrella en Nariño.
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El ex vicepresidente Germnán Vargas Lleras murió este viernes 8 de mayo. FOTO: COLPRENSA -
Germán Vargas Lleras fue concejal, diputado, senador, ministro y vicepresidente. FOTO: CAMILO SUÁREZ
08 de mayo de 2026
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La muerte rondó varias veces a Germán Vargas Lleras antes de alcanzarlo este viernes. Primero llegó escondida en un libro bomba; luego, en un carro cargado con explosivos; años después, en el aire inestable de un helicóptero que casi cae sobre unas viviendas en Nariño. También apareció en su salud, bajo diagnósticos que pusieron a prueba a uno de los políticos más resistentes, temperamentales y persistentes de las últimas décadas en Colombia.
El 13 de diciembre de 2002, Vargas Lleras abrió un paquete de Navidad dentro de su oficina en el Congreso de la República. Era senador y uno de los dirigentes más visibles de la oposición armada contra las Farc y del naciente uribismo. El regalo parecía un libro, pero adentro había explosivos.
La detonación le destrozó tres dedos de una mano y le dejó quemaduras en el rostro. El atentado ocurrió en pleno Capitolio Nacional, en un país donde la guerra había empezado a atravesar sin pudor los pasillos de la política. Vargas Lleras, que se había apartado de su colectividad para convertirse en uno de los primeros liberales en reconocer las propuestas de Álvaro Uribe, sobrevivió, pero el atentado cambió para siempre la imagen pública de un dirigente que desde entonces apareció con las secuelas físicas de la violencia que denunciaba.
Lo recordó más adelante así: “Solo recuerdo un ruido demencial, un dolor infinito y mucha sangre. Mi mano derecha quedó, literalmente, colgando de un hilo y los dedos meñique, anular y parte del medio volaron en mil pedazos”.
La muerte volvió a buscarlo.
La noche del 10 de octubre de 2005, Vargas Lleras salía de las instalaciones de Caracol Radio, en Bogotá. Eran cerca de las 11:15 p.m. cuando un carro bomba explotó cerca de la caravana en la que se movilizaba. La onda explosiva alcanzó el vehículo y dejó heridas a nueve personas, entre ellas varios de sus escoltas.
Él salió ileso.
Para entonces, Vargas Lleras ya se había consolidado como uno de los políticos más duros contra los grupos armados y contra cualquier salida que interpretara como concesión armada. Los atentados no moderaron su discurso, sino que lo radicalizaron. Casi dos décadas después, en 2020, Rodrigo Londoño, exjefe de las Farc conocido como “Timochenko”, reconocería públicamente que su guerrilla planeó y ejecutó el ataque.
La figura política de Vargas Lleras empezó a construirse alrededor de una mezcla de supervivencia y confrontación. Era el nieto del expresidente Carlos Lleras Restrepo, heredero de una de las familias más influyentes del liberalismo colombiano, pero había decidido abrirse paso por fuera de la comodidad del establecimiento familiar.
A los 18 años se acercó a liberalismo de Luis Carlos Galán. Mientras muchos suponían que terminaría administrando el legado político de su abuelo, Vargas Lleras escogió la disidencia y construyó una carrera propia, primero como concejal de Bojacá, luego en Bogotá y finalmente como senador durante cuatro periodos consecutivos.
Quienes lo conocieron en esos años hablaban de un político disciplinado, áspero en el debate y obsesionado con el poder ejecutivo. También de alguien con fama de temperamental, capaz de romper alianzas sin demasiados cálculos sentimentales.
Su ascenso coincidió con los años más violentos del conflicto armado. Se convirtió en uno de los primeros liberales en respaldar la candidatura presidencial de Álvaro Uribe Vélez cuando aún parecía improbable su triunfo. Después fundó y consolidó Cambio Radical como una maquinaria política decisiva dentro del Congreso.
En 2012 sobrevivió a un vuelo que estuvo a segundos de terminar en tragedia en Nariño.
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Era ministro de Vivienda y visitaba el municipio de Sandoná para revisar programas de casas gratuitas. Cuando el helicóptero despegó, la aeronave no logró ganar altura y empezó a girar peligrosamente sobre varias viviendas.
Después recordaría que creyó que iban a estrellarse.
Mientras el piloto intentaba recuperar el control por cuenta de fuertes corrientes de viento provenientes de las montañas, Vargas Lleras pensó en recostarse sobre una caja de herramientas esperando el impacto. Una maniobra del piloto evitó la tragedia apenas a metros de los techos de las casas.
Sobrevivió otra vez.
Sin embargo, incluso después de los atentados, su salud siguió persiguiéndolo. Con el tiempo enfrentó distintos procedimientos médicos y diagnósticos complejos: un meningioma, un quiste hepático, una apendicitis y una masa en el cuello que obligaron a intervenciones y seguimientos clínicos constantes.
Germán Vargas Lleras fue concejal, diputado, senador, ministro y vicepresidente. FOTO: CAMILO SUÁREZ
A esas alturas, su carrera política ya había alcanzado la cima del poder. Fue ministro, jefe natural de Cambio Radical y vicepresidente del gobierno de Juan Manuel Santos entre 2014 y 2018. Desde allí lideró megaproyectos de infraestructura, programas de vivienda y obras públicas que terminaron convirtiéndose en su principal carta política.
También acumuló controversias, enemigos y altos niveles de desfavorabilidad. Su estilo directo, muchas veces autoritario, para muchos representaba eficacia y disciplina administrativa; para otros, la expresión más dura y vertical del poder político tradicional colombiano.
Incluso cuando rompió con Uribe por el intento de una nueva reelección presidencial, Vargas Lleras mantuvo intacta la idea de llegar algún día a la Casa de Nariño como presidente. Era una aspiración que parecía acompañarlo desde niño, cuando hablaba de política en el despacho de su abuelo, en el antiguo Palacio de San Carlos.
No lo consiguió.
Pero sobrevivió a una guerra que dejó muertos a muchos de sus contemporáneos políticos. En los últimos años luchó contra el cáncer y recibía hasta hace poco tratamiento por un tumor cerebral tanto en Estados Unidos como en la Fundación Santa Fe en Bogotá. En Hacer, cumplir, avanzar, el libro que publicó en 2018 para recoger 30 años de carrera política, resumió en una frase cómo se le escapó no una, sino varias veces a la muerte: “Por suerte o por la Divina Providencia, en varios episodios logré salvar mi vida solo por fracciones de segundos… o de centímetros”. Este viernes lo alcanzó.
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