Exdiplomático Kevin O’Reilly: «la dictadura ya ha perdido en Nicaragua»

Exdiplomático Kevin O’Reilly: «la dictadura ya ha perdido en Nicaragua»

El diplomático estadounidense Kevin O’Reilly afirmó que la reciente detención del obispo emérito de Estelí, monseñor Juan Abelardo Mata Guevara, demuestra que la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo “no tolera ni la disidencia ni el pensamiento independiente” y que mantiene un temor particular hacia la independencia de la Iglesia católica.

En un análisis publicado en su blog personal en Substack, O’Reilly sostuvo que el régimen “ha dejado claro que no tolera ni la disidencia ni el pensamiento independiente; que vive con miedo de todas las actividades sociales que no puede cooptar o controlar; y que teme sobre todo la independencia de las iglesias, particularmente la Iglesia Católica”.

El exfuncionario, quien siguió de cerca los asuntos centroamericanos durante su carrera en el Servicio Diplomático de los Estados Unidos, repasó la situación de Mata tras su primera detención, ocurrida el 29 de junio, y la segunda, el 1 de julio, hasta que fue excarcelado por un pronunciamiento estadounidense el 3 de julio.

Añadió que la falta de información oficial y el estricto control informativo impuesto por la dictadura impiden confirmar con certeza su situación actual, a pesar de un comunicado alegando que había sido liberado y algunos reportes independientes de que se encontraba de vuelta en su residencia.

Las autoridades podrían tenerlo bajo arresto domiciliario en su ciudad natal de Tisma, Masaya, o podrían mantenerlo en otro lugar. La agresiva censura de la dictadura hace que sea difícil confirmar esta información”, señaló. O’Reilly contextualizó el caso dentro de una ofensiva sostenida contra la Iglesia católica en Nicaragua.

Guerra contra la Iglesia

Recordó que Mata renunció a la diócesis de Estelí en julio de 2021 al cumplir la edad de 75 años, según recomienda la Iglesia a sus obispos, tras 31 años de obispo. Ese mismo día, el papa Francisco nombró a monseñor Rolando Álvarez como administrador apostólico de Estelí, quien posteriormente fue encarcelado por la dictadura y expulsado del país en 2024.

También recordó que el sacerdote Frutos Valle Salmerón, designado posteriormente para atender la diócesis, permanece desde 2024 bajo arresto domiciliario en Managua. De modo que la jurisdicción eclesial de Estelí, como otras en el país, permanece acéfala ante la falta de obispos.

Además, enumeró a otros obispos obligados al exilio, entre ellos Silvio Báez, Isidoro Mora y Carlos Herrera, así como a numerosos sacerdotes, seminaristas y religiosos expulsados del país. “Las funciones pastorales básicas de la Iglesia continúan, pero limitadas bajo la atenta y represiva mirada del aparato policial de la dictadura”, afirmó.

O’Reilly especula que el asedio contra Mata pueda deberse “tal vez por miedo, seguramente por resentimiento, paranoia, una conciencia de la débil autoridad del Estado sobre la conciencia del pueblo nicaragüense“, escribió.

Durante una misa celebrada el 28 de junio, el obispo emérito pidió oraciones por la “Iglesia perseguida”. También había peido por monseñor Álvarez y el padre Valle Salmerón.  A juicio de O’Reilly, un gobierno con legitimidad no habría reaccionado de esa manera, sino que “tuvieran más confianza en su proyecto político“.

Al contrario —considera— un gobierno seguro de sí mismo “no perdería los nervios de manera tan dramática cuando un prelado jubilado dice en voz alta, aunque de manera breve, lo que millones de nicaragüenses sienten en sus corazones todos los días”.

El exfuncionario estadounidense aseguró que el régimen gobierna sin legitimidad social. “La dictadura, tan llena de fanfarronería y tan propensa a la crueldad y a la corrupción, sabe que ha perdido cualquier mandato político y social que la Revolución Sandinista, que ahora ha corrompido por completo, pudiera haber tenido en el pasado”, afirmó.

O’Reilly rechazó además la idea de que la persecución contra la Iglesia sea únicamente un conflicto religioso.

“La represión de la dictadura llega mucho más allá de la Iglesia Católica y se extiende a todos los aspectos de la vida social: iglesias evangélicas, organizaciones sociales, instituciones benéficas, instituciones educativas desde escuelas primarias hasta las universidades; el Estado intenta imponer su voluntad sobre todas ellas”, escribió.

Advirtió que aceptar esa situación sería “tolerar la destrucción de cada aspecto de la sociedad civil, o su desaparición en la clandestinidad”. Por ello, hizo un llamado a la comunidad internacional a prestar mayor atención a Nicaragua.

El país vive a la sombra de lo que ocurre en Venezuela y Cuba, pero cuando la dictadura caiga en crisis, los efectos se expandirán rápidamente desde Managua, con consecuencias lamentables mucho más allá de Nicaragua”, concluyó.

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