Estados Unidos destapa injerencia cubana en Nicaragua y el resto de América
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- julio 20, 2026
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El Departamento de Estado de los Estados Unidos divulgó un informe de 100 páginas titulado Cuba: The Capital of 21st Century Communism (Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI), presentado por el secretario de Estado, Marco Rubio, como una radiografía de casi siete décadas de espionaje, subversión e influencia ideológica del régimen cubano contra Washington.
El grueso del documento examina la relación bilateral entre Cuba y Estados Unidos, pero dedica también un espacio considerable a Nicaragua, a la que retrata tanto como uno de los mayores triunfos históricos de la estrategia revolucionaria de La Habana como uno de sus socios más persistentes en la actualidad.
Según el informe, la exportación de la revolución fue una prioridad de Fidel Castro desde el primer momento. El documento sostiene que, apenas tomado el poder en enero de 1959, el nuevo gobierno cubano organizó expediciones armadas contra varios países vecinos ese mismo año, entre ellos Nicaragua, país donde eventualmente apoyó al Frente Sandinista.
El reporte describe el triunfo del Frente Sandinista en 1979 contra la dictadura de Anastasio Somoza Debayle como el mayor logro regional del régimen cubano.
El documento afirma que La Habana actuó como patrocinador directo de la insurgencia: suministró, según cita un memorando de la Casa Blanca de esa época, cantidades masivas de armamento, y funcionó como centro de entrenamiento, refugio y base de operaciones para los combatientes sandinistas.
El informe agrega que Cuba mantuvo en su territorio un enlace del FSLN encargado de coordinar la propaganda revolucionaria a través de Radio Habana y de mantener contacto con otras organizaciones radicales del continente.
El texto también vincula a los sandinistas con una red internacional vinculada a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), señalando que combatientes sandinistas habrían recibido entrenamiento en campamentos palestinos como parte de un acuerdo que, según fuentes citadas en el informe, se remontaría a la Conferencia Tricontinental de La Habana en 1966.
Managua como plataforma regional
Tras la caída de Somoza, el informe sostiene que Nicaragua se convirtió en una “base de avanzada” para la expansión de la influencia cubana en Centroamérica, sirviendo de santuario, centro de entrenamiento, vía de tránsito de armamento y modelo político para las insurgencias que después estallarían en El Salvador, Guatemala y Honduras.
Citando un documento del Departamento de Estado de 1985, el reporte añade que, tras el triunfo sandinista, resultó más sencillo para aspirantes a guerrilleros de toda Centroamérica trasladarse a la isla para entrenarse, a menudo mediante vuelos no programados hacia y desde territorio nicaragüense.
Más allá del recuento histórico, el informe sitúa a la Nicaragua gobernada por Daniel Ortega y Rosario Murillo entre lo que llama los “Estados de la red cubana” en la actualidad, junto con la Venezuela de Nicolás Maduro y —en el pasado— la Bolivia de Evo Morales.
Bajo esta lectura, Cuba funcionaría hoy como un nodo que facilita la proyección de otras potencias hostiles a Washington hacia el resto del hemisferio. En ese marco, el documento afirma que empresas tecnológicas rusas han usado a Cuba como plataforma para expandirse hacia otros países latinoamericanos, incluida Nicaragua.
Estas empresas proveyendo capacidades de vigilancia que —según el reporte— refuerzan los vínculos militares y de inteligencia de Moscú en la región. El régimen mantiene un acuerdo de cooperación con Rusia que le permite alojar y utilizar tropas rusas para suprimir amenazas internas.
El informe también menciona, citando estimaciones de analistas no identificados, que hacia 2019 miles de presuntos militantes vinculados a Hezbolá, Hamás y otros grupos respaldados por Irán habrían transitado por distintos puntos de América Latina, entre ellos Bolivia y Nicaragua.
Ofensiva diplomática
El informe se publica en medio de una ofensiva diplomática sostenida de la administración del presidente Donald Trump contra el bloque que integran Cuba, Venezuela y Nicaragua, a los que Rubio ha calificado en más de una ocasión como parte de un mismo eje “antiestadounidense” o la llamada “troika de la tiranía“.
Tan sólo en lo que va de 2026, Washington sancionó a los hijos de Ortega y de la codictadora Murillo por beneficiarse de la industria del oro nicaragüense, impuso sanciones adicionales a un viceministro del Interior por violaciones de derechos humanos y a un centenar de funcionarios por la muerte en prisión del líder indígena Brooklyn Rivera.
En paralelo, el propio régimen en Managua endureció en febrero sus controles migratorios hacia ciudadanos cubanos, en un gesto que matiza la imagen de alineación automática entre ambos países.
Además, Estados Unidos mantiene desde finales de enero de este año un económicamente devastador bloqueo petrolero alrededor de la isla y ha hecho explícitas sus intenciones de un cambio de régimen, sea negociado o por la fuerza.
El Departamento de Estado impuso nuevas sanciones contra entidades cubanas vinculadas al conglomerado militar GAESA al momento de publicar el informe. La isla, mientras, atraviesa una crisis económica marcada por apagones prolongados, escasez de combustible e inflación derivadas del bloqueo antes mencionado.