EPM ubica en nivel naranja el riesgo de racionamiento de energía en Colombia tras disparo en el consumo

EPM ubica en nivel naranja el riesgo de racionamiento de energía en Colombia tras disparo en el consumo

No es la misma cantaleta. Es una alerta que cada vez crece más. Desde EPM, Hidroituango y otras entidades del sector energético han hecho esfuerzos para evitar apagones, pero desde la empresa antioqueña advierten que si el consumo no se modera, el riesgo va a seguir aumentando.

”Apenas empezando el fenómeno del Niño, ya vemos esos consumos desbordados que nos pueden llevar más temprano que tarde a racionamientos de energía”, advirtió el gerente de EPM, John Maya.

El riesgo de llegar a un escenario de racionamiento aumenta si el consumo continúa creciendo por encima de lo esperado. El país podría llegar a mínimos históricos que no se veían desde 1992, cuando ocurrió la última gran crisis energética en Colombia que obligó al país incluso a cambiar el huso horario para aprovechar más la luz solar.

Este nuevo fenómeno de El Niño amenaza con llegar a extremos similares, o incluso a superarlo.

El fenómeno apenas empieza y ya aprieta

Apenas es julio. En departamentos como Antioquia las lluvias ya disminuyen y las temperaturas empiezan a registrar picos históricos.

Aunque el fenómeno de El Niño todavía no se consolida por completo, EPM advierte que existe entre un 81 % y un 87 % de probabilidad de que alcance una intensidad muy fuerte, mientras el Ideam prevé que su punto máximo ocurra en septiembre. Es decir, aún faltan semanas para el periodo más crítico, pero el sistema energético ya opera bajo alerta naranja.

Según las proyecciones climáticas, la probabilidad de que el fenómeno alcance una intensidad “muy fuerte” es del 81 %, lo que lo convertiría en el más severo desde 1950.

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Sin embargo, así como el calor no afecta a todas las regiones por igual, el riesgo de racionamientos energéticos tampoco es uniforme en todo el país ni en la ciudad.

Según información de EPM, la comuna 1 de Medellín, por ejemplo, aparece entre las zonas con mayor riesgo de racionamiento entre enero y febrero de 2027, en plena temporada de mayor estrés hídrico.

Los eslóganes sobre moderar el consumo, apagar las luces que no se necesitan, desconectar los cargadores de celular cuando no se usan y no derrochar la energía ya no son solo temas éticos o estéticos. Ahora son llamados urgentes para evitar una crisis nacional.

Solo entre el 20 y el 21 de julio, el consumo de agua pasó de 853.000 a 919.000 metros cúbicos diarios en el sistema de EPM, un salto de cerca de 66.000 metros cúbicos en un solo día. “Estamos desbordados en el consumo”, afirmó el gerente Maya.

Ese aumento coincide con un incremento sostenido de la demanda. Según EPM, en las últimas semanas el consumo de agua potable aumentó en 160 litros por segundo, equivalente al abastecimiento de unas 107.000 personas adicionales.

Aunque la empresa asegura haber fortalecido su infraestructura para enfrentar un posible fenómeno de El Niño, insiste en que ninguna obra reemplaza el ahorro ciudadano.

Lo que ha hecho EPM para evitarlo

Para evitar un apagón, EPM ha puesto de su parte: pone a punto sus sistemas, moderniza, hace mantenimiento y automatiza procesos.

Durante 2025 la empresa invirtió más de $400.000 millones en mantenimiento y modernización de sus centrales de generación y este año continúa ejecutando intervenciones para fortalecer la confiabilidad del sistema frente al fenómeno de El Niño.

La empresa también evalúa cómo embalsar más agua, incluso si eso implica sacrificar rentabilidad a corto plazo: por ejemplo, dejar de generar en Guatapé para que esa función la asuman otras plantas y así poder guardar más agua en ese embalse.

El Peñol tiene un rol estratégico particular. “Mientras otros embalses del país pueden vaciarse en tres o cuatro meses, Guatapé puede aguantar entre 10 y 12 meses antes de llegar a sus mínimos operativos”, explicó Maya. Esto lo convierte en el principal respaldo de la generación eléctrica nacional.

Actualmente, los embalses de EPM están al 84,2 %% de su capacidad, mientras que, a nivel nacional, los embalses están en promedio al 78,8 %, aunque ese nivel puede caer rápido si el consumo se mantiene por encima de lo proyectado.

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La empresa también evalúa alternativas de generación adicional: plantas de emergencia tipo barcaza, pequeñas centrales hidroeléctricas (PCH) y el uso de gas en la Central Termoeléctrica La Sierra, que podría aportar 80 megavatios adicionales al sistema.

Cabe recordar también que Hidroituango aún no ha llegado a la cota necesaria para operar a su máxima capacidad. El gerente general de EPM, John Maya Salazar, explicó anteriormente que esperan terminar en septiembre las labores de remoción de cobertura vegetal necesarias para elevar el embalse hasta la cota 420, su capacidad máxima de almacenamiento. Sin embargo, será hasta noviembre cuando esperan alcanzar ese nivel.

Hidroituango generalmente opera alrededor de la cota 408 o 409 metros sobre el nivel del mar. Esos 11 metros de diferencia entre la cota actual y la cota 420 equivaldrían a la energía generada por una planta térmica de 130 megavatios de capacidad, lo que representa el consumo de una ciudad entera como Medellín durante 15 días. Si bien no parece mucho, sí podrían representar un alivio para la asfixiante situación de la producción energética.

Sin embargo, en el último pronunciamiento, el gerente advirtió que aún no han empezado a subir el nivel del embalse y que, además, la cota de hecho ha disminuido cerca de 1 metro.

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Las dificultades

Pero hay obstáculos que EPM no puede resolver por su cuenta. El principal es regulatorio: la normativa actual exige que la cantidad de agua que sale de los embalses sea la misma que entra, lo que le impide a la empresa acumular reservas adicionales para épocas de mayor necesidad. Mientras esa regla no cambie, según el gerente, no será posible guardar más agua para tener con qué respaldar la demanda futura.

Otro obstáculo es el consumo ciudadano, que sigue creciendo pese a los llamados a la moderación. En la Costa, el aumento del consumo de energía llegó al 12 %, cuando lo habitual en esta época es un incremento cercano al 2 %.

Aun así, EPM advierte que medidas simbólicas como el cambio del huso horario tendrían un impacto marginal frente al déficit real. “No es una medida que logre mitigar de manera significativa el déficit, y hay que sopesarlo con el esfuerzo que representa para la población”, señalaron voceros de la empresa.

La tormenta perfecta

Si el llamado de EPM se concentra en el riesgo inmediato que representa El Niño, la Sociedad Hidroituango plantea que el problema es mucho más profundo. En un estudio técnico presentado el 16 de julio, la entidad concluye que Colombia avanza hacia una “tormenta perfecta”: la coincidencia de siete factores que, al ocurrir simultáneamente, ponen bajo presión al sistema energético nacional.

El primero es la estrechez energética. La demanda ya supera la Energía Firme disponible para respaldar el Cargo por Confiabilidad. Para el periodo 2025-2026 el déficit estimado es de 1.971 GWh al año y, para 2026-2027, esa brecha se duplicaría hasta alcanzar los 3.906 GWh.

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EPM coincide con ese diagnóstico. Según la empresa, la demanda actual ronda los 250 GWh, mientras la Energía Firme —la máxima cantidad de electricidad que las plantas pueden garantizar de manera continua, incluso en condiciones adversas— alcanza los 232 GWh y las obligaciones del sistema llegan a 237 GWh. Es decir, el país no solo enfrenta un déficit coyuntural asociado al fenómeno de El Niño, sino una diferencia creciente entre la capacidad de generación y la demanda proyectada.

A esto se suma el estado de la infraestructura eléctrica. La Upme reporta 11 proyectos de transmisión con retrasos de hasta 12 años y cerca del 90 % de las subestaciones del país operan ya al límite de su capacidad, lo que dificulta transportar la energía disponible hacia las regiones donde se necesita.

Otro componente es el déficit de gas natural. Colombia perdió su autosuficiencia en 2024 y la dependencia del gas importado pasó del 23 % al 32 % en apenas dos meses de 2026. Esa situación no solo incrementa los costos, sino que reduce la capacidad de respaldo térmico.

Un ejemplo es la Central Termoeléctrica La Sierra, que ha debido operar con combustibles líquidos debido a la escasez de gas. Si pudiera funcionar plenamente con este combustible, aportaría cerca de 80 megavatios adicionales al sistema.

El problema tiene además un origen estructural. La exploración de gas pasó de 130 pozos perforados en 2012 a apenas 27 en 2024. De mantenerse esa tendencia, el país deberá importar cerca del 30 % del gas que consume, con un posible incremento cercano al 12,6 % en las tarifas eléctricas residenciales.

La Sociedad también advierte sobre lo que denomina un “apagón financiero”. Se trata de una deuda estatal cercana a los 9,2 billones de pesos que ha afectado la cadena de pagos y debilitado financieramente a las comercializadoras de energía.

Al mismo tiempo, varias de las principales hidroeléctricas del país, como Chivor y Guavio, tienen programados mantenimientos entre finales de 2026 y mediados de 2027. Esa circunstancia coincide justamente con el periodo en que el sistema podría necesitar mayor respaldo hidráulico.

El estudio también señala que la incertidumbre regulatoria de los últimos años frenó la ejecución de proyectos estratégicos. Según la Sociedad, la prolongada falta de quórum en la Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg), que permaneció parcialmente paralizada durante tres años, retrasó decisiones necesarias para ampliar la infraestructura energética.

Sobre todos esos factores se superpone ahora el fenómeno de El Niño. Tanto la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) como el Ideam estiman una probabilidad cercana al 81 % de que alcance una intensidad “muy fuerte” entre septiembre de 2026 y enero de 2027, reduciendo los aportes hídricos hasta el 55 % de su promedio histórico.

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En otras palabras, para la Sociedad Hidroituango el riesgo no proviene de un único problema. La amenaza surge de la coincidencia entre una demanda creciente, una capacidad de generación insuficiente, retrasos en la infraestructura, limitaciones en el suministro de gas, dificultades financieras del sector y un fenómeno climático que reduciría precisamente el principal insumo para producir electricidad: el agua.

¿Cómo se alistará el país?

La Sociedad Hidroituango insiste en que la planeación energética debe dejar de ser un debate político para convertirse en un ejercicio permanente de ingeniería y gestión del riesgo.

”El sistema eléctrico no colapsa por sorpresa, sino por la acumulación de decisiones mal calibradas y la subestimación de riesgos probables”, concluye el estudio.

Mientras tanto, el Gobierno Nacional avanza en la declaratoria de desastre nacional y anunció que expedirá decretos para agilizar proyectos que ayuden a enfrentar los efectos del fenómeno de El Niño. Entre ellos está la posibilidad de contratar, de manera directa, soluciones de generación solar que puedan instalarse en un plazo de seis meses, incluso sin conectarse inicialmente al Sistema Interconectado Nacional.

No obstante, desde EPM insisten en que la energía solar puede servir como respaldo, pero no resuelve por sí sola el déficit estructural que enfrenta el país.

EPM insiste en que la acción más inmediata sigue estando en manos de los ciudadanos. La empresa pidió reducir desde ahora el consumo de agua, energía y gas mediante acciones cotidianas como acortar el tiempo de la ducha, reparar fugas, aprovechar la luz natural, desconectar equipos que no se estén utilizando y hacer un uso responsable del gas natural.

Colombia todavía tiene una ventana para prepararse antes de que el fenómeno de El Niño alcance su mayor intensidad. Sin embargo, esa ventana se reduce cada semana.

El Gobierno planea acelerar medidas para reforzar el sistema energético y EPM continúa ejecutando obras y conservando reservas de agua, el mensaje desde el sector es el mismo: el ahorro dejó de ser una recomendación ambiental para convertirse en una herramienta concreta para reducir el riesgo de racionamientos.

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Bloque de preguntas y respuestas

¿Hay riesgo real de racionamiento o apagón energético en Colombia?
EPM advirtió que los embalses están disminuyendo su capacidad más rápido de lo previsto y que, si la demanda no se modera, el país podría enfrentar restricciones operativas no vistas desde la década de 1990.
¿Cuál es el nivel actual de los embalses en Colombia y en Antioquia?
A la fecha, los embalses de EPM se encuentran al 84 % de su capacidad, mientras que el promedio nacional ronda el 78 %. Aunque estos porcentajes parecen estables, el embalse de El Peñol (Guatapé) es la reserva estratégica clave, pues puede aguantar entre 10 y 12 meses antes de llegar a sus mínimos operativos, a diferencia de otros del país que se agotan en 3 o 4 meses.
¿Qué medidas está tomando EPM para evitar un apagón?
EPM evalúa sacrificar rentabilidad manteniendo reservas en el embalse de Guatapé y reemplazando esa energía con otras plantas. También estudia implementar plantas de emergencia tipo barcaza, reactivar Pequeñas Centrales Hidroeléctricas (PCH) y habilitar la Central Termoeléctrica La Sierra a gas para aportar 80 megavatios adicionales.
¿Qué restricciones legales impiden guardar más agua en los embalses?
El principal traba es de carácter regulatorio: la normativa actual exige que la cantidad de agua que sale de los embalses sea equivalente a la que ingresa. Esto impide a las empresas generadoras acumular volumen hídrico adicional de manera preventiva para afrontar los meses de mayor sequía.

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