El rastro del discurso oficial cubano en los corpus de entrenamiento de la IA (II)

El rastro del discurso oficial cubano en los corpus de entrenamiento de la IA (II)

  • Cuba
  • septiembre 12, 2026
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En un artículo anterior determinamos que el discurso oficial del régimen cubano se refleja en los corpus de entrenamiento de Inteligencia Artificial (IA), a partir de la creación de íconos por parte del aparato editorial de la izquierda occidental y de la cultura pop entre las décadas de 1960 y 2000. El hallazgo más interesante fue que la obra de teóricos como Carlos Rafael Rodríguez, Juan Marinello o Blas Roca, todos con una abundante presencia hacia el interior del país, apenas dejó huella en los resultados públicos muestreados. 

Todo régimen totalitario refuerza su sistema de manipulación ciudadana con una combinación de ciencia, planes de estudio, literatura, música y otras artes. Por ello resulta crucial medir también la presencia de figuras intelectuales y artísticas en dichos entrenamientos.

Sin embargo, en estos casos resulta complejo determinar qué personalidades deben elegirse. Existe un número importante de figuras que durante décadas creyeron en el sistema y pusieron su obra al servicio de defender esos ideales, pero que en un determinado momento decidieron no continuar defendiendo algo en lo que no creían, ya fuese exiliándose, o haciendo mutis de manera voluntaria.

Algunos de ellos —Heberto Padilla, Norberto Fuentes, Pablo Milanés, Jesús Díaz, Manuel Moreno Fraginals, entre otros—, que cuentan con una fuerte presencia internacional, podrían incluirse tanto en el análisis del discurso del régimen como en el de la oposición. Pese a que en determinados casos su obra de exilio fuese más importante que la desarrollada en Cuba —o viceversa—, su presencia en cualquiera de los dos discursos analizados puede contaminar los datos. Realizar un estudio objetivo de ellos rebasa los límites de un medio digital, por lo que quizás un análisis más serio y extenso pueda ser pertinente en el futuro.

Por todo lo anterior se han escogido figuras que comparten el hecho de haber seguido defendiendo las ideas del régimen. No se ha dado preferencia a una manifestación sobre otra; las figuras seleccionadas son las diez primeras de una lista de muestreo que abarcó unos 30 nombres. Ellas son: Silvio Rodríguez, Amaury Pérez, Carlos Puebla, Alejo Carpentier, Miguel Barnet, Nancy Morejón, Cintio Vitier, Nicolás Guillén, Eliseo Diego y Roberto Fernández Retamar.

El volcado y procesamiento de los datos de la base AI Watchdog arrojó una presencia mucho mayor de los músicos sobre los poetas y prosistas. Carlos Puebla, que es el músico de menor presencia, casi triplica al escritor con más obras, quien, contra lo que podría creerse, no es Carpentier sino Retamar.

  • Silvio Rodríguez: 208 entradas, 167 obras únicas. 
  • Amaury Pérez: 164 entradas, 136 obras únicas. 
  • Carlos Puebla: 163 entradas, 130 obras únicas. 
  • Alejo Carpentier: 60 entradas, 14 obras únicas. 
  • Roberto Fernández Retamar: 53 entradas, 52 obras únicas. 
  • Nancy Morejón: 39 entradas, 34 obras únicas. 
  • Nicolás Guillén: 24 entradas, 19 obras únicas. 
  • Miguel Barnet: 21 entradas, 13 obras únicas. 
  • Cintio Vitier: 16 entradas, 15 obras únicas. 
  • Eliseo Diego: 10 entradas, 10 obras únicas. 
    Total: 758 entradas, 586 obras únicas.

Sin embargo, este dato puede resultar engañoso, ya que las plataformas de música indexadas en el proyecto de la revista The Atlantic no registran el sello discográfico, como sí sucede con los escritores, sino la fuente de origen de la grabación. Por ello, una conclusión más acertada sería que los modelos públicos de entrenamiento de IA muestran que, en el campo del arte, el mensaje musical ha resultado más masificador que el mensaje literario.

No obstante, la masificación no significa contundencia ni calado. En este sentido, los datos muestran que los escritores han sido más efectivos a la hora de colocar sus obras en los circuitos internacionales. De la mano de editoriales internacionales como Johns Hopkins, Taylor & Francis, Oxford, Knopf, FSG, o Penguin (la editorial australiana Ocean Press, brazo del régimen cubano, apenas ha abarcado esta área), la visión cubana sobre raza, colonialismo, etnografía o libertad ha llegado a las bases de datos como JSTOR y se ha traducido al inglés, francés, portugués, rumano, italiano, turco, etc. Resulta significativo que un ensayo anticolonialista como Calibán, de Roberto Fernández Retamar, tenga más presencia en inglés y en el sistema académico de EEUU que en Latinoamérica.

Este aspecto apunta a un fenómeno que ya se señaló en el artículo anterior: el régimen ha logrado posicionar su mensaje en los modelos públicos de entrenamiento de IA gracias a que ha conseguido que ese mensaje fuese absorbido por las editoriales occidentales. Ha resultado más influyente la obra de Fernández Retamar, Barnet y Morejón que la de Guillén y Carpentier. El discurso oficial de La Habana no ha calado con «Che Comandante», «Tengo» o La consagración de la primavera, sino a través de la interpretación que estos autores han hecho de problemas propios de la izquierda global, como el colonialismo, la esclavitud y la raza. Carpentier, al insertarse en el boom de la novela latinoamericana, alcanza con obras como El reino de este mundo o sus estudios musicales una fuerte presencia en las traducciones, mientras que Fernández Retamar, Barnet y Nancy Morejón logran colocar sus obras como bibliografía en los estudios teóricos de la academia estadounidense.

Este fenómeno se nota quizás con más fuerza en el grupo de los músicos, pues contra las sospechas iniciales de este autor, no es Silvio Rodríguez quien ha conseguido posicionar el discurso político del régimen, sino Carlos Puebla. Temas como «Y en eso llegó Fidel», «Hasta siempre comandante» o «Yanqui go home» logran mayor presencia y número de réplicas en las bases indexadas. Con Puebla y su son montuno, la épica revolucionaria de los primeros años traspasó las fronteras nacionales.

Ahora bien, Silvio Rodríguez —con 208 registros, de los cuales unos 25 corresponden a colaboraciones extranjeras— es, por mucho, el mayor difusor del mensaje de la Revolución. En su caso, el porcentaje mayoritario no lo forman obras con un mensaje político directo, sino aquellas que lograron captar el ambiente idealizado del proceso político y, de esa manera, alcanzaron una identificación iberoamericana.

¿Hasta qué punto las figuras que lograron penetrar el mercado internacional lo hicieron solo por su talento? ¿Podemos afirmar que, detrás de ellas, existe una política cultural que decide, cual Dios, quién pasa y quién no?

Como método de control, y sin que ello sea definitivo, decidí muestrear los casos de Virgilio Piñera y Antón Arrufat para poder responder estas preguntas. Buscar sus nombres permite saber si también se tradujo, indexó y subió a plataformas extranjeras a quienes pensaban distinto dentro de la Isla. El resultado: Piñera aparece dos veces y Arrufat ninguna. El hecho de que ni siquiera disidentes internos tolerados, con una obra de probada calidad, lograrán que sus textos pasarán a estas bases públicas ¿se debe a que el aparato cultural cubano no los promovió? ¿O acaso no salieron porque a la academia y a las editoriales occidentales les interesaba potenciar el ícono de la Cuba revolucionaria y no el esteta marginado?

Queda una última cifra por abordar, relacionada con las preguntas anteriores: de los 758 registros procesados, apenas siete llevan sello editorial cubano, que corresponde a tres obras de Guillén, tres de Barnet, y una de Cintio Vitier. Ni una sola de las 14 obras de Carpentier (quien, recordemos, dirigió la Editora Nacional), presentes en los corpus llegó allí por vía de una editorial de La Habana.

El régimen cubano tampoco logró colocar, por sí mismo, su discurso en las bases de entrenamiento de IA en el ámbito del arte y la literatura. También en este caso fueron la academia estadounidense, el mercado editorial occidental y las plataformas de audio las responsables del hecho.

Hemos medido qué llegó a los corpus del lado del poder, y la respuesta es que llegó mucho, aunque casi nunca por vías cubanas. Falta medir qué ocurrió con quienes rompieron, se exiliaron, lucharon y escribieron contra el régimen. A ello dedicaremos dos próximos artículos.

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