El ‘chef’ del Ejército que es viral por cocinar en la selva

  • Colombia
  • octubre 13, 2026
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“Monto una estufita, pongo gasolina y ya se empieza a trabajar”. La respuesta obvia del soldado Jhan Carlos Mosquera es apenas el resumen de su día a día, no como cocinero, sino como soldado profesional.

En tiempos en que las redes sociales están abarrotadas de personajes que enseñan hasta cómo hervir el agua desde cocinas emperifolladas, con electrodomésticos de última generación y utensilios para cada preparación, Mosquera cocina en medio del campo, improvisa con lo que tiene a mano y les sirve a sus compañeros. Sin escenografías ni grandes equipos, muestra una cocina tan distinta de la que suele aparecer en las pantallas que termina por llamar la atención.

El verdadero foodie: salvaje y real. Es el cocinero del Ejército, seguramente no el único, pero este decidió mostrar en redes sociales cómo prepara los alimentos en medio de la vida militar. Hay algo en esa mezcla de sencillez, naturalidad y oficio que ha despertado la curiosidad porque mientras unos convierten cada receta en una producción, él encuentra la manera de cocinar en terrenos difíciles, con una estufa de gasolina y sin más pretensiones que hacer bien su trabajo.

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Jhan Carlos Mosquera salió de su casa a los 14 años con ganas de estudiar, pero la plata no alcanzaba y la violencia del Alto Baudó, Chocó, también marcaba su vida. A los 18, sin conseguir trabajo por ningún lado, decidió ingresar al Ejército. No era la cocina lo que lo llevaba a ponerse el uniforme, aunque cocinar ya le gustaba. En ese momento necesitaba trabajar y encontró en la vida militar una salida a las dificultades que enfrentaba.

Antes de tomar la decisión, buscó consejo en su pastor, a quien le contó lo que estaba pensando hacer. La respuesta que recibió estuvo atravesada por la fe que todavía hoy guía sus decisiones.

“Hablé con mi pastor en la iglesia donde me congregaba, le pedí recomendaciones. Y me dijo: ‘usted ya es mayor de edad. Mis recomendaciones son que no se aparte del Señor, usted sabe Dios qué le ha dado. Y si no hay trabajo, pues, ¿qué más puede hacer? Y usted tiene las ganas de prestar el servicio militar, ya es decisión suya y confiar en Dios y saber que todos los que amamos a Dios, las cosas nos ayudan para bien. Esas son mis recomendaciones, que no se aparte de Dios jamás’”, recuerda.

Desde 2018 viste el uniforme de soldado profesional. Actualmente está destinado en la Costa Caribe, en una zona donde las dificultades de orden público hacen parte de su trabajo. Allí, entre las obligaciones militares, encontró la manera de seguir haciendo lo que le gusta.

“Ya antes me gustaba cocinar, pero, también disfruto servirle a mis compañeros, prepararles alimento de la mejor manera, aunque yo sé que, de pronto, habrá otros que lo pueden hacer mejor que yo, pero, pues, ya que me dieron la oportunidad, y trato de hacerlo de la mejor manera, ya que me gusta, me encanta cocinar. Mi lugar favorito, después de estar en la iglesia, es cocinar”, cuenta.

No necesita una cocina equipada para ponerse manos a la obra. Cuando está en el campo, improvisa. Es algo que conoce desde niño, porque viene de una región donde la vida rural hace parte de su historia. La estufa, los utensilios que tenga disponibles y un espacio donde organizarse son suficientes para comenzar.

“Normal, eso se arma algo improvisado. Yo soy del campo y se arma la cocina improvisada con la estufita, y hago eso, se trabaja con gasolina, y ya se empieza a trabajar, corazón”, dice.

Cuando habla de su tierra, no necesita demasiadas explicaciones para decir de dónde viene.

“Mi tierra linda, lo más lindo de Colombia, sin ofender a nadie”, responde.

De allí también vienen sus referencias gastronómicas. El Pacífico chocoano tiene una tradición culinaria que él reconoce como parte de su identidad y de su gusto por los alimentos.

Sensación en redes sociales

Entre Instagram y TikTok acumula cerca de 220 mil seguidores, aunque la cifra a esta hora ya pudo aumentar, porque cada video lo hace más viral.

Es rápido, pica cebolla como un experto y sus preparaciones no se ven ordinarias. Se les nota el toque de amor y cuidado. Hace arroz con pollo, sancocho, fríjoles, sudados, cualquier comida que podría estar en la mesa de un hogar colombiano. Y seguro, sin saberlo, Jhan Carlos les regala a sus compañeros un pedacito de sus casas, aunque estén a miles de kilómetros de distancia.

El soldado no entiende la cocina como una manera de escapar de la guerra ni como una actividad que lo aparte de su labor militar.

“Aquí, en el Ejército, no es que haya encontrado una forma de refugio en medio de la guerra, una estufa. No. Yo lo veo diferente. Siento que es, para mí, un honor servir más bien a mis compañeros en la parte de los alimentos. Aunque hay muchas dificultades en medio de la selva, terreno mojado y cosas así, no importa, la vida se la da uno mismo. Uno mismo pone las comodidades, independientemente de donde esté”, explica.

En redes sociales, como suele ocurrir con quienes comparten parte de su vida en público, también ha recibido críticas. Mosquera no parece demasiado preocupado por convencer a todo el mundo. Su respuesta vuelve a la fe.

“Unos critican para bien, otros hablan y dicen, pero, pues, normal. Yo tengo claro que con el único que me debo preocupar cómo me ve es Dios, porque él es el único que tengo que rendirle cuentas, independientemente de lo que haga”.

La cocina, sin embargo, no es solamente una actividad para pasar el tiempo durante el servicio. Mosquera quisiera convertirse en chef profesional. No sabe cuándo podrá hacerlo ni cuánto tiempo más permanecerá en el Ejército. Esa decisión, dice, todavía no está tomada.

“La verdad, no sabría responderte. Esa respuesta no te la tengo. Pero sí te puedo decir algo y es que debo esperar en Dios. Nosotros, como seres humanos, no sabemos ni el hoy ni el mañana qué puede transcurrir, pero Dios sí sabe qué pueda pasar”.

Lo que sí sabe es qué quiere para su vida. Y cuando habla de sus sueños, pone la fe en primer lugar y la cocina inmediatamente después.

“Mi sueño por cumplir, primeramente, alcanzar la salvación, que es seguir a Dios las 24/7, donde quiera que vaya. Y, segundo, mi sueño sería, aquí terrenal, convertirme en chef. Me gusta, me encanta hacer eso, me encanta servir en ese tema de los alimentos. Entonces, si viene parte de Dios, creo que sería lo mejor que me podría pasar aquí en la tierra, ser chef”.

Por ahora, sigue siendo soldado profesional. Cocina para sus compañeros y muestra una faceta de la vida militar que pocas veces aparece en las pantallas. No carga solo las ollas ni se echa la cocina al hombro, lo hacen entre todos, cada soldado contribuyendo. En total, monta ollas para 40 hombres y la exquisitez de sus platos trasciende más allá de la pantalla. Y siempre, al final de sus videos, cierra con un: ¡Melo caramelo!

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