Dictadura preside una economía con «crecimiento, pero sin desarrollo»
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- marzo 27, 2026
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El economista Marco Aurelio Peña advirtió que el crecimiento económico que reporta el régimen sandinista no se traduce en mejoras reales para la población, al describir la situación del país como un caso de “crecimiento sin desarrollo”, marcado por opacidad estadística, bajos ingresos y deterioro del bienestar.
En una entrevista con Nicaragua Actual, Peña cuestionó la narrativa oficial que destaca un crecimiento cercano al 5% del Producto Interno Bruto (PIB), al señalar que este indicador, por sí solo, no refleja avances estructurales.
“No tenemos garantía de que este crecimiento esté creando más y mejores empleos, elevando la equidad social o reduciendo sustantivamente la pobreza”, afirmó. El especialista subrayó que uno de los principales problemas es la falta de información pública confiable.
Según explicó, en Nicaragua no existen datos recientes sobre pobreza ni desigualdad, y han sido descontinuados indicadores clave como el coeficiente de Gini o la curva de Lorenz. Esta ausencia de estadísticas impide evaluar si el crecimiento económico tiene un impacto real en la calidad de vida.
Peña también destacó que Nicaragua mantiene el PIB per cápita más bajo de Centroamérica, cercano a los 3 mil dólares anuales, muy por debajo de economías como Costa Rica y Panamá, donde supera los 19 mil.
Además, indicó que una parte significativa de la economía —al menos una cuarta parte del PIB— depende de las remesas enviadas por migrantes desde países como Estados Unidos, Costa Rica y España, lo que sostiene el consumo interno ante la debilidad del mercado laboral.
Avance a pesar, y no gracias a la dictadura
En ese sentido, afirmó que la economía nicaragüense “avanza a pesar de la dictadura y no gracias a ella”, al atribuir el dinamismo económico a las familias y emprendedores, más que a las políticas gubernamentales.
El economista también cuestionó la calidad del crecimiento, señalando que no es inclusivo ni genera cohesión social en un contexto de restricciones a las libertades. “El desarrollo económico requiere libertades fundamentales. Sin ellas, las personas no pueden desarrollar su potencial”, sostuvo.
Como evidencia del estancamiento social, citó el Índice de Progreso Social, en el que Nicaragua se ha mantenido durante más de una década en posiciones rezagadas —alrededor del puesto 114 de 180 países—, lo que a su juicio demuestra la ineficacia de los programas sociales.
En cuanto a los sectores que impulsan el crecimiento, Peña mencionó la construcción, el comercio y la minería, particularmente el oro, que se ha convertido en el principal producto de exportación debido a su alta demanda internacional.
No obstante, advirtió sobre la falta de transparencia en la concesión de proyectos mineros, calificándola como una “caja de Pandora”, especialmente por la participación de empresas extranjeras.
Economía del malestar
A pesar de estos sectores dinámicos, Nicaragua continúa siendo la economía más pequeña de Centroamérica, con un PIB inferior a los 20 mil millones de dólares. Peña definió este escenario como una “economía del malestar”, donde el crecimiento no se traduce en bienestar para la población.
Uno de los aspectos más críticos, según el economista, es la pérdida del poder adquisitivo. Explicó que la canasta básica ronda los 21 mil córdobas mensuales, mientras que los salarios promedio se mantienen muy por debajo de ese nivel, generando una brecha cada vez más insostenible para los hogares.
Asimismo, rechazó la narrativa oficial sobre el pleno empleo, al considerar que se basa en definiciones que contabilizan como ocupadas a personas que trabajan apenas unas horas. En la práctica, dijo, existe un alto nivel de subempleo, caracterizado por trabajos precarios, informales y mal remunerados.
Esta situación, añadió, se refleja en el aumento sostenido de la migración. “Si Nicaragua realmente tuviera pleno empleo, no expulsaría población”, señaló, al vincular el crecimiento de las remesas con la falta de oportunidades internas.
Finalmente, Peña abordó la política exterior económica del país, indicando que, aunque el gobierno ha fortalecido relaciones con China, el impacto de este vínculo no será inmediato ni transformador. En contraste, Estados Unidos continúa siendo el principal socio comercial de Nicaragua, debido a factores históricos, geográficos y a los acuerdos vigentes.
En conjunto, el análisis del economista apunta a una desconexión entre los indicadores macroeconómicos y la realidad cotidiana de los nicaragüenses, en un contexto donde el crecimiento, según advierte, funciona más como un “espejismo” que como un reflejo de desarrollo real.