Con las universidades en crisis, el régimen busca ‘elevar los niveles de colaboración académica’ con Panamá
- Cuba
- agosto 22, 2026
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Mientras la crisis de las universidades cubanas es cada vez más profunda, a tenor del descalabro de la educación y el colapso del país, el ministro de Educación Superior del régimen, Walter Baluja, se fue a Panamá a ofrecer una supuesta calidad académica que no se corresponde con las opiniones de los estudiantes de la Isla. El funcionario viajó a la nación istmeña con el objetivo de «elevar los niveles de colaboración», dijo a Prensa Latina, mientras los centros de altos estudios cubanos padecen las penurias de la falta de inversiones.
Así, Baluja sostuvo que «existen intereses comunes en áreas como la formación de pregrado y posgrado, la preparación doctoral y la participación conjunta en proyectos de cooperación internacional», al tiempo que se refirió al «interés de Panamá en ampliar la formación de sus estudiantes en Cuba, particularmente en áreas distintas a las ciencias médicas».
Además, Baluja sondeó a funcionarios locales sobre «las posibilidades de formación y capacitación de profesionales panameños en Cuba». Asimismo, resaltó «las oportunidades para que instituciones cubanas amplíen su presencia y cooperación». En tal sentido, entre los campos considerados mencionó «tecnologías emergentes y áreas estratégicas para ambas sociedades, como la inteligencia artificial, las fuentes renovables de energía y las ciencias biológicas, además de otras disciplinas de reciente desarrollo».
Asimismo, Baluja se reunió con el nuevo rector de la Universidad de Panamá, José Emilio Moreno, y con el presidente de la Ciudad del Saber, Jorge Arosemena, en encuentros que calificó de «fructíferos», toda vez que ofrecieron resultados que no concretó respecto al propósito del viaje: «incrementar y diversificar las relaciones académicas».
Como parte de los acuerdos alcanzados, Baluja anunció la realización en 2027 de un encuentro de rectores de universidades cubanas y panameñas, sobre el que dijo que «dará un nuevo impulso a los objetivos de cooperación bilateral».
Además, el ministro del régimen se reunió con la presidenta de la Comisión de Educación, Cultura y Ciencia de la Asamblea Nacional panameña, con quien acordó «fortalecer la cooperación», así como «intercambiar experiencias sobre las legislaciones educativas que se preparan en ambos países» y «promover el contacto entre especialistas».
Mientras Baluja ofrece formación a panameños en Cuba, las universidades cubanas comenzarán el curso académico 2026-2027 el próximo 1 de septiembre con un esquema de formación marcado por la crisis de combustible y la descentralización de las actividades docentes.
La principal novedad para el nuevo curso es la plena aceptación del colapso, toda vez que las autoridades anunciaron la consolidación del modelo territorial que el Gobierno comenzó a aplicar durante el semestre anterior ante la falta de combustible, los apagones y las dificultades de transporte. Así, los estudiantes cubanos seguirán con un sistema en el que las clases se impartirán esencialmente de forma semipresencial y a distancia.
Testimonios recogidos anteriormente por DIARIO DE CUBA entre universitarios describieron centros cerrados durante semanas, clases reducidas a encuentros ocasionales y tareas enviadas por WhatsApp, una alternativa limitada por los propios problemas de conexión y por el costo de los datos móviles.
La crisis también obligó a estudiantes de algunas carreras a permanecer en sus territorios y asumir actividades laborales o de servicios. En Medicina, por ejemplo, alumnos fueron incorporados a hospitales y otras áreas sanitarias mientras las actividades docentes regulares se reducían.
Este sistema de educación superior en pleno resquebrajamiento es el que ofreció Baluja en Panamá, país con el que La Habana intenta estrechar lazos. En tal sentido, el Gobierno panameño se ofreció en junio como mediador neutral en la crisis entre Washington y La Habana, luego de que su canciller, Javier Martínez-Acha Vásquez, se pronunciara por el ejercicio de un «multilateralismo flexible» en la región.