Antonio José Cancino, la historia detrás del penalista que defendió a Samper en el Proceso 8.000
- Colombia
- noviembre 2, 2026
- No Comment
- 21
Antonio José Cancino fue uno de los penalistas más reconocidos de su generación, profesor de varias universidades, magistrado y autor de una amplia obra jurídica. En 1995, sobrevivió a un atentado en el que murieron dos de sus escoltas. Esto lo llevó a vivir tres años en España, donde continuó escribiendo sobre derecho penal.
“Ah, eso sí, lo que usted sí tuvo fue buen abogado”. La frase del ministro de Justicia, Iván Cancino, dirigida al expresidente Ernesto Samper, volvió a poner en escena un nombre que hace tres décadas estuvo en el centro de una de las mayores tormentas políticas y judiciales de Colombia: Antonio José Cancino Moreno, el penalista que asumió la defensa del entonces mandatario durante el escándalo por el ingreso de dineros del narcotráfico a la campaña presidencial de 1994.
El comentario fue parte de la respuesta que el funcionario publicó el 28 de octubre de 2026, después de que Samper cuestionara la gestión del Gobierno de Abelardo de la Espriella frente a asuntos como el Estatuto Antiterrorista y la atención de la emergencia por el terremoto.
En medio de ese cruce, Iván le recordó al expresidente las dificultades que había enfrentado su administración durante el Proceso 8.000 y remató con la referencia a su padre.
No era una alusión cualquiera, Antonio José Cancino fue el abogado que lo acompañó en aquella crisis y cuya actuación terminó convertida en uno de los capítulos más recordados de su trayectoria profesional.
Detrás del penalista que enfrentó a la Fiscalía, discutió públicamente con el fiscal general Alfonso Valdivieso y defendió al presidente de la República había un profesor de Derecho Penal, un estudioso de las pruebas, un litigante de formidable oratoria y un hombre de familia que, después de sobrevivir a un ataque armado, tuvo que salir del país junto con su esposa y sus hijos.
Antonio José era santandereano y, para agosto de 1995, cuando Samper lo designó como su defensor, tenía 55 años, más de tres décadas de ejercicio como penalista y cerca de 27 años de docencia en la Universidad Externado de Colombia.
Durante una década dirigió el Departamento de Derecho Penal de esa institución, donde cada mañana llegaba a dictar cátedra. También fue magistrado del Tribunal Superior de Bogotá, participó en la Comisión Especial Legislativa durante el proceso de expedición de la Constitución de 1991 y construyó una trayectoria académica que se extendió a otras universidades, entre ellas la del Rosario.
Su producción jurídica fue amplia. Escribió sobre enriquecimiento ilícito, concusión, autojusticia, legislación de emergencia, medicina y delito, corrupción del abogado y la evolución de las instituciones penales colombianas.
Su interés iba más allá de los expedientes judiciales. También lo apasionaban la literatura, la historia y los diálogos que el derecho podía establecer con otras disciplinas.
Le puede interesar: De la ‘paz total’ a la ley de sometimiento: los puntos centrales de la propuesta de De la Espriella.
Esa inquietud lo llevó a escribir un texto sobre los delitos presentes en Don Quijote de la Mancha, una muestra de la formación humanística que, según sus colegas, enriquecía sus intervenciones como abogado. Quizás como prolongación de ese interés, en 2005 publicó, junto a su hijo Iván Cancino y al abogado José David Teleki Ayala, la obra El derecho penal en Macondo.
Cancino y el ‘chusógrafo’
En diálogo con EL COLOMBIANO, su esposa, la jurista Emilsen González, recuerda que detrás de la contundencia de sus alegatos había jornadas de trabajo extenuantes. Dice que Cancino estudiaba los expedientes a fondo, revisaba las pruebas, conversaba con sus clientes para reconstruir cada detalle y consultaba libros completos antes de preparar sus intervenciones.
No improvisaba los argumentos, aunque su rapidez mental y su capacidad para responder en los estrados pudieran dar esa impresión. Los domingos eran con frecuencia días de trabajo. Se sentaba a redactar memoriales durante horas y lo hacía a una velocidad que sorprendía a quienes lo conocían.
Antonio José y Emilssen tuvieron 3 hijos: Gabriel Antonio Cancino González (abogado), Andrés Cancino González (administrador de empresas) y el también jurista Iván Alfonso Cancino González (hoy ministro de Justicia).
En una época de poca tecnología, escribía en máquina utilizando solamente los dedos índices a toda velocidad, recuerda su esposa, Emilsen, quien es actualmente la decana de la Facultad de Derecho en la U. Externado. ”Eso lo llamaban un chusógrafo”, dice.
González también recuerda su sentido del humor, su personalidad simpática y la facilidad con la que establecía relaciones con colegas y estudiantes. En casa, dice, sus hijos lo recuerdan como un padre tierno, de quien heredaron buena parte del carácter y el humor.
Esa combinación de rigor y facilidad para comunicar fue justamente la que destaca el exfiscal general Alfonso Gómez Méndez en conversación con este diario. Él conoció a Cancino desde las aulas del Externado.
Fue su profesor de procedimiento penal y director de su tesis de grado sobre el delito continuado. Después compartieron la docencia y construyeron una amistad de varias décadas. Para Gómez Méndez, Cancino reunía cuatro condiciones poco frecuentes en una misma persona: era jurista, profesor, magistrado y abogado litigante.
Abogado de audiencias públicas
Lo recuerda como un hombre “fogoso, convencido, fuerte en las argumentaciones”, pero que jamás confundía la firmeza con la agresividad. Su capacidad como orador, dice, se hizo especialmente visible en las antiguas audiencias públicas con jurado de conciencia, que desaparecieron en Colombia en 1987.
En esos juicios, celebrados en el centro de Bogotá, los ciudadanos del común —entre ellos artesanos— escuchaban las acusaciones y los argumentos de la defensa antes de tomar una decisión. Se juzgaban principalmente homicidios y delitos políticos como rebelión, sedición y asonada. Cancino llevaba a sus estudiantes para que presenciaran esas audiencias.
Allí se enfrentaba a fiscales del Ministerio Público, algunos de gran capacidad oratoria, y desplegaba su manejo de las pruebas y su formación humanística. Gómez Méndez recuerda que prácticamente las ganaba todas.
También fue defensor civil en consejos verbales de guerra durante la época en que, bajo los estados de sitio, la justicia penal militar llegó a extenderse a civiles, una práctica que terminó proscrita con el desarrollo constitucional posterior. Su trayectoria como litigante tampoco estuvo restringida a personajes poderosos.
Defendió a ciudadanos sindicados de homicidio, intervino en asuntos relacionados con delitos contra la administración pública y representó a personas de distintos sectores sociales.
El abogado Francisco Bernate, también penalista, lo recuerda desde otra dimensión. La primera palabra que utiliza para describirlo es “generoso”. Lo era con sus recursos, pero especialmente con su tiempo y sus conocimientos.
Sus clases en el Externado y en la Universidad del Rosario fueron, para Bernate, de esas que marcan una vida profesional. Tenían emoción, anécdotas, convicción y una manera particular de transmitir el derecho sin convertirlo en una materia distante o solemne.
Esa faceta docente ayuda a entender por qué el atentado contra Cancino produjo una reacción tan grande entre los estudiantes del centro de Bogotá. Bernate recuerda que jóvenes de las facultades de Derecho del Externado, el Rosario, la Universidad Autónoma y la Gran Colombia se movilizaron para expresar su rechazo a la violencia.
Entre las imágenes que conserva está la de Iván Cancino en el patio central del Externado, en medio de abrazos y muestras de solidaridad de estudiantes de distintas universidades.
La relación entre padre e hijo era especialmente estrecha. Bernate recuerda que Antonio José le dedicó a Iván uno de sus mejores libros y que, después del atentado, compartió con él una reflexión personal: hasta entonces no había sido particularmente creyente, pero lo que vivió terminó acercándolo profundamente a la fe.
También le dejó una enseñanza que Bernate conserva como uno de sus consejos más valiosos: “Así como no todo el mundo es su amigo, no todo el mundo es su enemigo”. Una manera de advertirle que no debía desgastarse convirtiendo cada desacuerdo en una enemistad.
Le puede interesar: De la ‘paz total’ a la ley de sometimiento: los puntos centrales de la propuesta de De la Espriella.
El abogado de Samper
La exposición pública de Cancino alcanzó su punto más alto el 9 de agosto de 1995, cuando Ernesto Samper lo designó formalmente como su defensor ante la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes.
El escándalo de los narcocasetes, las declaraciones del extesorero de campaña Santiago Medina y las investigaciones sobre los recursos del cartel de Cali habían puesto al Gobierno contra las cuerdas.
Lea también: Denuncian que la JEP gastó más de $200.000 millones en eventos y defensa de exFarc; ¿qué responde el tribunal?
La discusión ya no se limitaba a determinar quién había recibido los dineros, sino también qué sabía el candidato y qué responsabilidad podía atribuírsele al presidente.
Cancino asumió una defensa de tono combativo. Anunció que no cobraría honorarios, pues entendía su intervención como un servicio al país y a la profesión.
Su estrategia, se lee en periódicos de la época, tampoco consistió en responder pasivamente a los señalamientos. Habló de “acusar en vez de defender“ y denunció lo que llamó un “paralelismo judicial”: mientras los expedientes avanzaban bajo reserva, sostenía, las filtraciones y las declaraciones públicas alimentaban otro proceso en los medios de comunicación que, a su juicio, afectaba la presunción de inocencia de Samper.
El penalista abrió varios frentes de confrontación, especialmente con el entonces fiscal general, Alfonso Valdivieso. Lo denunció ante la Comisión de Acusación por declaraciones que consideraba un prejuzgamiento y una intromisión en competencias que correspondían a la investigación contra el presidente.
El 27 de septiembre de 1995, apenas unas horas después de acompañar a Samper a rendir su versión libre ante la Comisión de Acusación, el abogado fue víctima de un atentado armado en Bogotá.
Se movilizaba en un Mercedes-Benz azul cuando fue interceptado por varios hombres que dispararon contra su vehículo y el esquema de protección que lo acompañaba.
Cancino recibió dos heridas en el brazo derecho, sufrió una fractura en una mano y lesiones en el rostro por las esquirlas de los vidrios. Fue trasladado al Hospital Militar Central, donde recibió atención y logró sobrevivir.
El ataque dejó dos integrantes de su escolta muertos: los agentes del DAS Ancízar Gutiérrez Cuevas y Jaime Acevedo Quimbaya. Un tercer escolta, Ómar Galindo, resultó gravemente herido.
Una llamada telefónica atribuyó la acción a un grupo que se identificó como Movimiento por la Dignidad de Colombia, aunque esa reivindicación no estableció por sí sola quién había ordenado el atentado ni todos sus motivos.
La conmoción se extendió por las universidades y por la escena política nacional. Mientras Cancino se recuperaba, su familia emitió un comunicado preparado por su esposa, Emilsen González, y leído públicamente por su hijo Iván.
El mensaje informaba que la salud del penalista era estable y que, pese a lo ocurrido, su “coraje y valentía siguen inalterables”. También rendía homenaje a los dos escoltas que murieron protegiéndolo y enviaba palabras de aliento a Ómar Galindo, quien permanecía hospitalizado.
El comunicado también agradeció a los estudiantes universitarios que se movilizaron en solidaridad con la familia y rechazaron el atentado. Su mensaje cerró con una pregunta sobre la violencia política: “¿Cuándo empezará a ser más importante comprometerse con Colombia que encender odios y despertar apetitos criminales de espaldas a la gente?”.
Iván fue el encargado de leerlo. Más de tres décadas después, volvió a evocar a su padre en una discusión con el mismo expresidente al que este había defendido.
El exilio tras el atentado
El atentado obligó a los Cancino a salir de Colombia. Según recuerda Emilsen González, el peligro seguía siendo inminente y la familia se radicó en España durante cerca de tres años.
Allí, Antonio José continuó escribiendo libros de derecho penal. La familia regresó a finales de 1998. Cancino retomó la docencia en el Externado y el ejercicio del litigio junto a Iván, quien estaba próximo a graduarse como abogado.
Entretanto, la investigación contra Samper había dado nuevos giros. Aunque en diciembre de 1995 la Comisión de Acusación expidió un auto inhibitorio a su favor, las declaraciones posteriores de Fernando Botero Zea llevaron a reabrir el expediente.
Cancino solicitó la reposición de esa decisión, pero se retiró de la defensa en enero de 1996, en medio de las amenazas contra él y su familia. Lo reemplazó Luis Guillermo Nieto Roa.
Entérese: Gobierno de De la Espriella le retira a Mancuso su designación como gestor de paz
El 12 de junio de 1996, la Cámara decidió precluir la investigación contra Samper, con 111 votos a favor y 43 en contra, y no acusarlo ante el Senado. Para entonces, Cancino ya no estaba al frente de su defensa.
El penalista murió el 27 de septiembre de 2017, a los 77 años. En su homenaje, El Espectador recordó una frase con la que solía resumir su paso por el caso: “Volví un proceso judicial un proceso político y lo gané”.
Pregunta y respuestas
- ¿Quién fue Antonio José Cancino Moreno?
- Fue un reconocido abogado penalista, profesor universitario, magistrado y autor de numerosas obras jurídicas. Se destacó por su trayectoria en el derecho penal colombiano, su capacidad de argumentación y su participación en procesos judiciales de alto perfil, entre ellos la defensa del expresidente Ernesto Samper durante el Proceso 8.000.
- ¿Por qué Antonio José Cancino volvió a ser mencionado en octubre de 2026?
- Su nombre reapareció después de que su hijo, el ministro de Justicia Iván Cancino, respondiera el 28 de octubre a una crítica del expresidente Ernesto Samper sobre la gestión del Gobierno de Abelardo de la Espriella. El funcionario le recordó la defensa que su padre asumió durante el Proceso 8.000 y le dijo: “Ah, eso sí, lo que usted sí tuvo fue buen abogado”.
- ¿Qué papel desempeñó Antonio José Cancino en el Proceso 8.000?
- Fue el abogado defensor de Ernesto Samper durante el escándalo por el ingreso de dineros del narcotráfico a la campaña presidencial de 1994. Su actuación lo llevó a enfrentarse públicamente con la Fiscalía y con el entonces fiscal general Alfonso Valdivieso.
- ¿Cuántos años tenía Antonio José Cancino cuando asumió la defensa de Samper?
- Tenía 55 años en agosto de 1995, cuando fue designado defensor del entonces presidente. Para ese momento acumulaba más de tres décadas de ejercicio como penalista y cerca de 27 años de docencia en la Universidad Externado de Colombia.