Alberto Reyes a militares, agentes y delatores: ‘Ustedes como nosotros quieren vivir sin miedo’
- Cuba
- agosto 15, 2026
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El sacerdote católico cubano Alberto Reyes Pías volvió a cuestionar el sistema de control que sostiene al régimen de La Habana y advirtió que, pese a la maquinaria represiva que mantiene contenida la inconformidad social, sus propios integrantes también sufren las consecuencias de la crisis.
En una nueva reflexión publicada en Facebook, el párroco de Esmeralda, en Camagüey, parte de una pregunta: cómo consigue el poder cubano mantener bajo control a una población cada vez más golpeada por la escasez, los apagones, la emigración y el deterioro de sus condiciones de vida.
Reyes señala que el control no puede depender únicamente de la cúpula gobernante, que identifica como concentrada en «una sola familia», sino de una extensa estructura de «mandos intermedios» que incluye militares, funcionarios del Partido Comunista, agentes de civil, vigilantes, espías y delatores.
«Para que un país se mantenga bajo control, es necesario todo un sistema de ‘mandos intermedios'», sostiene.
El sacerdote reconoce que se desconoce qué mantiene cohesionada esa estructura, si el adoctrinamiento todavía funciona o si el régimen recurre fundamentalmente al miedo. Tampoco, dice, se conocen con precisión las órdenes, agendas y criterios que determinan cuándo esas redes deben tolerar o reprimir determinadas conductas.
«Podemos intuir cosas, pero solo intuirlas, o suponerlas», escribe.
El cansancio también alcanza a quienes sostienen el sistema
La parte central de su reflexión se dirige precisamente a los integrantes de esa maquinaria de control. Reyes sostiene que hay algo que sí pueden saber tanto ellos como el resto de los cubanos: todos están padeciendo las consecuencias de la crisis.
«Sabemos que ustedes como nosotros están cansados«, afirma, antes de enumerar la escasez, la precariedad, la dificultad para conseguir medicamentos y el desgaste de dedicar la vida cotidiana a la supervivencia.
El religioso también alude a los padres y abuelos que entregaron su vida a la Revolución Cubana y que ahora viven en condiciones precarias y dependen de la ayuda de otros, así como a las familias fracturadas por la emigración.
«Sabemos que ustedes como nosotros sufren la separación de sus hijos«, señala.
Según Reyes, también existe un rechazo que atraviesa silenciosamente a las propias familias de quienes trabajan para el Estado: «yo no quiero esto para mis hijos», es la frase que, asegura, muchos escuchan en privado.
El sacerdote apunta además al miedo como uno de los pilares del sistema: miedo a expresar opiniones, a ser vigilado o a «caer en desgracia» por apartarse de lo políticamente aceptable.
«Zafarse del sistema» no es sencillo
Reyes evita presentar como fácil la ruptura de quienes forman parte de los mecanismos de control. «No es sencillo ‘zafarse del sistema’, una vez que se es parte de la maquinaria», reconoce.
Por ello, dice que corresponde también a la Iglesia rezar por ellos, porque entiende las dificultades que implica abandonar una estructura de la que se forma parte.
Pero junto a esa comprensión, el sacerdote plantea una conclusión política contundente: tanto los funcionarios y agentes del sistema como el resto de los cubanos saben que el modelo actual no puede sostenerse indefinidamente.
«Tanto ustedes como nosotros sabemos que el futuro de Cuba no pertenece al socialismo«, afirma.
Reyes concluye que a un pueblo «no se le puede encadenar para siempre» y considera que «lo más probable es que de este sistema no quede piedra sobre piedra».
La reflexión se suma a una trayectoria de pronunciamientos en los que el sacerdote ha cuestionado abiertamente al poder cubano. En octubre de 2024, pidió a los gobernantes que abandonaran el país y sostuvo que no eran capaces de resolver la crisis económica, energética, sanitaria y educativa ni de detener la emigración.
«Váyanse, por favor, váyanse», escribió entonces.
En junio pasado, durante un mensaje enviado al III Foro de DIARIO DE CUBA, Reyes defendió su aspiración a una Cuba capaz de «vivir desde el bien y hacer el bien» y de acoger a quienes quisieran regresar.