Caen los nacimientos y se invierte la pirámide poblacional, ¿qué viene y qué se debe hacer?
- Colombia
- mayo 3, 2026
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Hace dos décadas, Colombia registraba el doble de nacimientos que hoy. No es una proyección ni una advertencia lejana, es un hecho que ya está cerrando jardines infantiles, vaciando salones de clase y presionando las finanzas del sistema de salud y las pensiones. Como consecuencia, Medellín ha perdido 200 camas obstétricas y cerrado 16 instituciones educativas desde 2023.
En este informe se hablará sobre cómo se invierte la pirámide poblacional y lo que se debe hacer para afrontar la caída de nacimientos.
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La pirámide de la población se invierte, más costos en salud
Durante décadas, la estructura de edades de Colombia funcionó como se llama, una pirámide. La base, integrada por los niños, era ancha. El medio, que son los adultos, un poco más angosta. Y la cima, correspondiente a los adultos mayores, era la parte más estrecha. Hoy esa figura se está invirtiendo.
“Los adultos mayores son cada vez una parte más importante dentro de la distribución de las personas que están en nuestro país y en nuestro departamento”, explica Carlos Vasco, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la misma universidad.
El fenómeno no es exclusivo de Colombia. Japón y buena parte de Europa llevan años en ese proceso. Pero lo que en otros países tardó generaciones, aquí está ocurriendo en pocas décadas. “Colombia como América Latina va transitando y en algunos casos de manera más acelerada como el caso nuestro”, señala Jairo Humberto Restrepo Zea, profesor de Economía y coordinador del Grupo de Economía de la Salud de la Universidad de Antioquia.
La pandemia fue el catalizador más reciente, según Restrepo, “muy seguramente muchas personas ratificaron su decisión de no querer ser madres o padres” durante ese período.
Los efectos ya se sienten, por ejemplo, “los colegios desde el preescolar pues van a tener menos demanda y ya comenzamos a observar cierre de colegios”, señala Restrepo. El fenómeno escolar, dice, “es uno de los que más llama la atención”. Y después vendrá la universidad, y luego el mercado laboral.
Vasco agrega que “evidentemente, el que haya cada vez hogares que tengan menos hijos, eso implica menos salas de maternidad, menos colegios, menos jardines infantiles”.
Los dos académicos sostienen que, en el otro extremo de la pirámide, la demanda crece en sentido contrario, más centros de día para adultos mayores, más residencias geriátricas, más programas de recreación y educación continua para personas que ya se jubilaron pero tienen 30 o 40 años de vida por delante.
Las cajas de compensación familiar, las EPS y las alcaldías lo vienen detectando; además, varias universidades ya ofrecen cursos de extensión para jubilados. “Creo que más que verlo como una afectación en principio, es una oportunidad que se debe identificar por diferentes sectores para adaptarse a esa realidad”, dice Vasco.
A su vez, el envejecimiento poblacional y el gasto en salud van de la mano porque a más edad, más enfermedades crónicas, más hospitalizaciones, más medicamentos. “De la mano con el envejecimiento, el gasto en salud crecerá aún más”, advierte Restrepo.
En ese orden, la directora del Dane aclara que hay una confusión frecuente en el debate público, ya que se asume que el mayor riesgo del envejecimiento poblacional será el colapso pensional y, para ella, será el sistema de salud. “Si bien tenemos algunas cargas sobre el sector pensionado dentro del régimen público, la mayor carga va a estar en la salud. Las enfermedades del envejecimiento son bastante costosas. Son todas las enfermedades no transmisibles”.
Pone el ejemplo de las enfermedades crónicas, cardiovasculares, el cáncer, la diabetes, la demencia, que son las que disparan el gasto en salud de una sociedad que envejece. Y ese gasto no tiene techo claro, por eso, afirma que “es fundamental que la mayoría de esos trabajadores idealmente estén formalizados para que todo el sistema pueda seguir siendo sostenible y tener la mayor capacidad de ahorro para el país”.
En ese sentido, el reto fiscal es doble, debido a que hay menos trabajadores jóvenes aportando al sistema y más adultos mayores demandando sus servicios. “Los recursos recaudados van a estar destinados con mayor proporción a unas atenciones que son más costosas”, explica Restrepo. Y eso obliga a replantear cómo se financia el sistema, por tanto, se pregunta: “¿cómo podemos recolectar entonces los recursos que nos permitan satisfacer las necesidades en salud?”, sin que la respuesta sea todavía evidente.
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¿Qué viene después y qué se debe hacer?
Una tasa de fecundidad por debajo del nivel de reemplazo para renovar su población no significa que mañana desaparecerá, ya que los efectos demográficos son lentos y acumulativos. Pero el camino ya está trazado, menos niños hoy son menos trabajadores en 20 años, menos cotizantes al sistema pensional en 30 años, y más adultos mayores que dependen de una base de población activa cada vez más delgada.
Para Antioquia, un departamento donde 124 de sus 125 municipios ya está por debajo del umbral más básico, la pregunta no es si habrá consecuencias. La pregunta es cuándo llegarán y si el sistema público de salud, pensiones, educación estará en condiciones de absorberlas.
Además, cabe recordar que Colombia atraviesa ahora el bono demográfico, ese momento histórico en que hay más personas en edad productiva que dependientes, sean niños o adultos mayores. Es una ventana para acumular riqueza, generar ahorro y prepararse para el envejecimiento. Pero no dura para siempre.
La directora del Dane, Piedad Urdinola, aclara que ese bono demográfico no se consolida automáticamente. “No solo por el hecho de que tengamos más personas en edades productivas quiere decir que podemos canjear ese bono. Lo que necesitamos es prepararnos para el envejecimiento, que es la etapa posterior, cuando ya tendremos más personas viviendo más años a grandes escalas”.
¿Cómo se aprovecha ese bono? La directora del Dane identifica dos vías principales. La primera está relacionada con reducir las tasas de desempleo a sus mínimos. “Justo en ese momento estamos viendo las menores tasas de desocupación en el país durante este siglo. Y en general, los ingresos laborales de las personas deben subir”.
La razón, para Urdinola, es que se necesita promover el ahorro. “Si se profundiza el ahorro, vamos a poder profundizar el capital y de tal manera estaremos preparados para el envejecimiento. Es solamente aumentando las tasas de ahorro que podemos prepararnos para el envejecimiento”.
La segunda vía es lo que Urdinola llama el “bono de género”, es decir, las mujeres colombianas tienen una mayor capacitación que los hombres. “Eso nos hace mucho más productivas en el mercado laboral. Sin embargo, muchas de ellas ni siquiera salen a participar en el mercado laboral por los temas de los cuidados”.
La propuesta de la directora es formalizar la economía del cuidado y “promover una economía del cuidado que es una economía formalizada, que genere también unos ingresos laborales para quienes ofrecen todos estos servicios, hará que muchas de estas mujeres puedan hacer parte del mercado laboral generando ingresos. Y esos ingresos esperamos que se conviertan también en ahorros”.
En ese sentido, Juliana Morad, directora del Departamento de Derecho Laboral de la Pontificia Universidad Javeriana, considera que la solución no pasa solo por políticas de natalidad, sino por construir un sistema de cuidado que libere tiempo femenino. “El sistema de cuidado ayudaría a que las mujeres liberasen tiempo para trabajar y esto podría incentivar un crecimiento en la natalidad”.
En algo coinciden todos los analistas consultados en que la solución no pasa por convencer a los jóvenes de tener más hijos, sino en adaptar el Estado, la economía y las instituciones a la nueva realidad demográfica.
El economista Barrera lo expone así: “En este nuevo régimen demográfico es fundamental alinear todas las políticas públicas a la dinámica poblacional y establecer estrategias muy agresivas de fortalecimiento de competencias y habilidades desde la educación hacia el trabajo, con un enfoque radical hacia la productividad laboral”.
Para eso, Urdinola señala cuatro políticas públicas realizables: reducir el desempleo, subir los ingresos laborales, formalizar la economía del cuidado y promover el ahorro nacional. Sin ese ahorro, el país no podrá financiar el envejecimiento que ya está en marcha.
Pero Barrera advierte que “si se continúa con el sendero de políticas populistas que se preocupan más por la discusión ideológica que por la discusión práctica de las políticas, el resultado directo más rápido será el estancamiento de la productividad y, por ende, el crecimiento económico y la generación de la riqueza para la redistribución. ¿Y eso qué implica? Alargar más y más esa brecha temporal de reducción en la pobreza”.
Otra pregunta que surge en búsqueda de soluciones es ¿si funciona pagar para que la gente tenga hijos? Varios países lo han intentado, por ejemplo Japón, Hungría, Corea del Sur y Francia realizaron transferencias de dinero, acompañadas de licencias extendidas y guarderías gratuitas. Pero los resultados, en términos de recuperación de la natalidad, han sido pocos.
Por ejemplo, Hungría es uno de los casos exitosos más citado, en donde el gobierno ofrece préstamos hipotecarios subsidiados que se condonan parcial o totalmente con el nacimiento de hijos, y las mujeres con cuatro hijos o más están exentas de por vida del impuesto sobre la renta. Estas medidas lograron subir la tasa de fecundidad de 1,23 a 1,49 en diez años. Sin embargo, a pesar de una inversión del 5% del PIB, la tasa de natalidad sigue siendo baja y ha mostrado señales de caída tras el pico de 2021.
“Como la causa o naturaleza de esa decisión no es a 2.000 o 3.000 dólares, sino a otras cosas que van más profundas, pareciera que fuese inofensivo ese tipo de planes”, sentencia el profesor Vasco.
En el caso colombiano, agrega Vasco, hay varios incentivos en el Código Laboral como la licencia de maternidad, licencia de paternidad, reducción de semanas para pensionarse por cada hijo que tenga una mujer. Pero el experto insiste en que la evidencia internacional sugiere que los incentivos monetarios solos no mueven la aguja cuando las causas del problema son culturales, económicas y estructurales.
Por eso, el profesor Restrepo Zea recomienda que para revertir la tendencia de caída, Colombia necesita adaptarse a ella, por eso debe reformar el sistema de salud, repensar el financiamiento pensional, reconvertir infraestructura educativa y preparar políticas públicas para una sociedad que envejece más rápido de lo que cualquier gobierno ha planificado.
También los expertos consultados sugieren una ruta de adaptación llamada Economía Plateada (Silver Economy), que consiste en ver el envejecimiento como un nicho de innovación en salud, vivienda adaptada y servicios financieros.
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