
¡Pónselo a un fijo! El mejor uso para un billete de cien pesos
- Cuba
- abril 1, 2025
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LA HABANA.- Angélica Consuegra tiene 84 años y se considera a sí misma una bolitera vieja, no tanto por la edad como por su sapiencia en el asunto y su capacidad de acierto. Día tras día acude a un chiringuito cercano –que nada tiene de secreto- donde varios “apuntadores” reciben a cientos de personas que procuran sacar de la buena fortuna lo que, de ningún modo, podrán obtener de su salario.
Desde que Fidel Castro prohibiera los juegos de azar, allá por los años sesenta, los cubanos tuvieron que esperar una era tristemente célebre y de disciplina social relajada, conocida como “Período Especial” (1990-1994), para volver a probar suerte con la numerología. Desde entonces, Angélica y otros cientos de miles de paisanos viven pendientes del tiro de la Florida, del fijo y los corridos que, hoy como ayer, ayudan a poner un extra en las finanzas domésticas de quienes logren adivinarlos.
En los últimos años, sin embargo, las cosas han cambiado tanto por causa de la crisis económica, la inflación, la caída del turismo y el éxodo masivo, que los bancos de la Bolita se han visto obligados a hacer algunas modificaciones en sus reglas para incentivar a los jugadores. Por regla general, cada peso fijo que se le juega a un número representa una ganancia potencial de 75 pesos, mientras que el parlé (adivinar dos números en un mismo tiro) beneficia al afortunado con entre 800 y mil pesos por cada peso jugado. Con la contracción de la economía nacional y el encarecimiento desmedido de todo, ha disminuido la afluencia del público amante del juego. La estrategia de algunos bancos para motivar a los irresolutos ha sido pagar el fijo a 80 pesos y el parlé a 1100. Durante períodos cortos, de muy poco movimiento, lo han pagado hasta en 1200 pesos.
“Muchas personas se han recogido, sobre todo los que jugaban fuerte porque tenían mucha plata, pero no le metían al estudio de los tiros como tal (…) Esa gente venía por una inspiración, porque le había gustado tal número, y le ponían mil pesos fijos y 500 corridos. Era gente que tenía una entrada de dinero regular, y a todo el mundo le gusta probar suerte”, explica bajo condición de anonimato un listero (o apuntador) que reside en Marianao, pero tiene su garito de juego en la Habana Vieja.
Esa clientela solvente y arriesgada estaba conformada principalmente por trabajadores del turismo. Hoy la mayoría ha emigrado, o ha visto sus ingresos muy reducidos por la debacle que atraviesa el sector.
Por otro lado, figuran los jugadores de larga trayectoria, que no manejan mucho dinero, pero, en contraste, tienen una gran capacidad de acierto. “Aquí vienen jubilados que a cada rato dan un paletazo. No se juegan una pila de pesos todos los días, pero ellos tienen sus números, estudian los tiros desde hace años y los vigilan. Además, el dinero cubano vale tan poco ya que prefieren tentar a la suerte. Cuando saben que un número está a punto de caer, empiezan a subir la parada. El otro día uno se fue de aquí con sesenta mil pesos”, asegura el listero, entre risas.
Angélica forma parte de ese selecto grupo de jubilados duchos en la Bolita cuya pensión no sirve para nada, de modo que prefieren arriesgar una parte al azar. Esa actitud, que a muchos pudiera parecer una locura, tiene toda la lógica del mundo para Angélica, porque a la fecha, lo único en Cuba que puede comprarse con cien pesos es una puchita de cilantro o un huevo.
“El pan liberado más barato que vende el estado cuesta 115 pesos, y ahora que el cartón de huevo ha bajado un poco porque hay en todas las mipymes, puedes comprarte un huevo en 70 u 80 pesos. Pero eso es ahora. Hace dos semanas con cien pesos no hacías nada. Un solo huevo te costaba 110 pesos y yo no resuelvo nada con un huevo”, reflexiona la anciana mostrando el billete con la imagen del Padre de la Patria. “El mejor uso que se le puede dar a esto, o a cualquier billete de denominación inferior, es ponérselo a un fijo”, asegura.
En un rincón secreto del rincón que es su cuartico en el barrio de Belén, Angélica guarda varios files repletos de hojas ordenadas por día, mes y año. Son todos los tiros de la lotería de La Florida desde la década de 1990, cuando empezó a jugar. El legajo podría considerarse un incunable de la Bolita; según afirma, jamás la ha defraudado. Cada día hace sus estudios y, en una misma semana, ha tenido hasta cuatro aciertos. Optimista y prudente, Angélica admite que no es una “jugadora fuerte” porque no se lo puede permitir, pero tampoco lo necesita.
“Con dos fijos que yo adivine en la semana, a razón de veinte pesos, más lo que cae corrido, saco la jugada y garantizo mis cositas. A mi edad ya no necesito mucho. Sé que no voy a vivir lo suficiente para ver cómo termina esto, pero no me pueden quitar la inspiración, ni la esperanza. Yo sueño con una Cuba libre que no llega, pero también sueño con el 38, que es dinero en la charada y, cuando lo sueño, le pongo los cien pesos enteritos porque de que viene, viene”.