Los que le hablan al oído a Abelardo: el coro duro tras Salvación Nacional
- Colombia
- abril 13, 2026
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Abogados como Germán Calderón, políticos como Enrique Gómez, figuras de línea dura como Eduardo Zapateiro, además de aliados como José Félix Lafaurie, integran el círculo que rodea al candidato.
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El candidato de la ultraderecha Abelardo de la Espriella fue avalado por firmas. FOTO MANUEL SALDARRIAGA -
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En la campaña de Abelardo de la Espriella hay algo más que una candidatura en ascenso, hay un coro. El discurso de “salvar a Colombia” lo repite su entorno con copia.
Desde su propia marca política, el partido Salvación Nacional, mueven la narrativa de crisis y redención. La campaña fue construida sobre la idea de que Colombia necesita ser rescatada. Y para eso, el candidato no solo se rodea de figuras afines, sino de voces que, en su mayoría, comparten una visión combativa contra la izquierda y el gobierno actual. Por eso, al final, los que le hablan al oído no son precisamente moderados. El propio Abelardo encarna ese talante. Su discurso no esquiva la confrontación; la busca. Y en ese camino, lo acompañan perfiles que refuerzan esa línea dura, como estrategia.
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Aunque desde la entraña de la campaña insisten en que las puertas están abiertas para “todo el que quiera un mejor país”, excepto los “politiqueros”, lo cierto es que el perfil que predomina es casi como una especie de rígidos comandantes. Ahí aparece la representante araucana Lina Garrido, de Cambio Radical. Se hizo conocida por su discurso frontal contra el Gobierno y por su choque directo con el ministro del Interior, Armando Benedetti. En esa misma línea está el general (r) Eduardo Zapateiro, reconocido por su postura inflexible en temas de seguridad y defensa. Su cercanía refuerza uno de los ejes más claros de la campaña, la promesa de orden y autoridad como respuesta al clima de incertidumbre que explota el discurso de Abelardo.
Circulo cercano del candidato
El abogado Germán Calderón España, no solo lidera los asuntos jurídicos de la campaña, sino que también juega un papel clave en la construcción de respuestas frente a publicaciones incómodas, afinando discursos que pasan rápidamente de la defensa a la ofensiva.
A ese núcleo se suma Enrique Gómez Martínez, quizá su escudero más visible. Fue de los primeros en respaldarlo públicamente, aparece en cada foto, no se pierde evento y sostiene, la narrativa sin medias tintas contra el gobierno, alineada con la idea de que el país necesita ser “rescatado”.
En la misma línea jurídica, aparece la exfiscal general Viviane Morales, quien también lo asesora y aporta una visión experimentada en los frentes legales. Pero la estrategia no se limita a lo jurídico. En el terreno político, uno de sus hombres más cercanos es el senador liberal Mauricio Gómez Amín. Actúa como puente hacia sectores tradicionales, buscando sumar apoyos discretos, incluso de colegas que aún no hacen público su voto.
En ese mismo bloque aparece una figura clave del poder gremial como José Félix Lafaurie, presidente de Fedegán. Tras los desencuentros de su esposa, María Fernanda Cabal, con el Centro Democrático, Lafaurie anunció su adhesión a Abelardo. Se mueven en un terreno estratégico donde el objetivo sería restarle fuerza a otras candidaturas de la derecha, especialmente la de Paloma Valencia, bajo la premisa de que la opción “en línea” es Abelardo.
En medio de ese entramado, hay también un intento de equilibrio. Su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo, introduce un perfil técnico, más académico, menos estridente. Pero su presencia no logra cambiar el tono dominante; más bien funciona como un contrapeso calculado, una señal hacia sectores que buscan moderación sin romper con el proyecto. En ese círculo cercano está Ana Lucía Pineda, la esposa del candidato, puede ser la más discreta de todas, pero también, sin exageración, la que más le habla al oído. Lejos del ruido político, encarna la figura tradicional de la esposa de la alta sociedad dedicada al hogar, ajena a la controversia, que proyecta la imagen de estabilidad y orden familiar. En una campaña que apela constantemente a los valores familiares, su presencia resulta funcional como una especie de “polo a tierra” del candidato. La figura que suaviza el discurso confrontativo y que alimenta ese costado más íntimo que él mismo se encarga de exhibir.
La maquinaria de esta campaña no se limita a los nombres visibles. Abelardo presume un equipo de más de tres millones de colaboradores en todo el país. Una red que opera, sobre todo, en el terreno digital. Allí, cada hecho, relevante o no, se convierte en insumo. La orden es no dejar pasar ninguna “pelota”, así no haya sido lanzada para él, y convertirla en tendencia.
Esa estrategia en redes revela un trabajo sistemático de amplificación del descontento. Abelardo no es un desconocido, pero ha logrado venderse como si lo fuera. Por eso, ha escalado en las encuestas y se ha instalado en la conversación pública como un competidor real.
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