Repensando sobre el decepcionante béisbol cubano

Repensando sobre el decepcionante béisbol cubano

  • Cuba
  • septiembre 21, 2026
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Tras el descalabro cubano en el torneo de béisbol de los pasados Juegos Centroamericanos y del Caribe, donde por vez primera Cuba quedó fuera del podio de premiaciones en este deporte, fueron varios los análisis efectuados en los medios de prensa del país.

Como siempre sucede en estos casos, se tomaron en cuenta las fallas del equipo cubano en los distintos aspectos técnicos del juego, pero también hubo cuestionamientos acerca de otras facetas que acompañan el desenvolvimiento de este deporte.

En particular coincidimos con algunos señalamientos aparecidos en Juventud Rebelde, en el artículo «La pelota y sus extensas decepciones», en el sentido de que «la pelota ha quedado anclada a malas gestiones, en decisiones incoherentes, y no de ahora, sino desde hace algún tiempo», y también que «el problema del béisbol cubano hoy va más allá de los hombres que se sientan en el banquillo a impartir señas. Es estructural y objetivo».

Sin embargo, estimamos que falta en dicho análisis un aspecto que mucho incide en la caída que ha experimentado el béisbol en la Isla en los últimos tiempos. Porque no es posible abordar este fenómeno sin referirnos a la amplia cobertura mediática que ha recibido el fútbol internacional entre nosotros, en especial en la televisión. Una situación que contrasta con el casi nulo tratamiento otorgado al béisbol que se juega más allá de nuestras fronteras.

La televisión cubana solo transmite los desafíos de béisbol de las series nacionales (por cierto, bastante disminuidas en cuanto a la calidad de sus participantes), que duran alrededor de tres o cuatro meses en el año. Después de eso ya se pierde este deporte de nuestra pantalla chica, y solo aparece en algún que otro noticiero o programa especializado que no incluye la celebración de ningún juego en sí.

En cambio, durante buena parte del año la televisión muestra el fútbol que se juega internacionalmente. Que si la Liga Española, la Copa del Rey, la Súper Copa de España, la Champions, la Copa América, la Eurocopa y el Mundial de Clubes, entre otros. Así, para las nuevas generaciones de cubanos el béisbol casi no existe, y es el fútbol el único deporte que merece la pena presenciar. Por doquier aparecen banderitas del Barcelona o el Real Madrid, mientras que los niños y jóvenes quieren ser como Lionel Messi o Cristiano Ronaldo.

Y si preocupante son las pésimas actuaciones de los equipos cubanos de béisbol en los eventos internacionales, más grave aún es el abismo al que ha descendido este deporte en la preferencia de los cubanos. Hay que reconocer ya, sin ambages, que el béisbol no es en verdad el deporte nacional en este país, y que esa condición la ostenta el fútbol internacional. Todo por obra y gracia de la política irresponsable de los medios de difusión, con el lógico respaldo de las máximas autoridades del país.

Dudamos de que en países del área como Venezuela, Puerto Rico o República Dominicana el auge del fútbol haya desplazado al béisbol en la preferencia de los aficionados. Claro, en esas naciones los fanáticos pueden presenciar en la televisión las actuaciones de sus compatriotas en el mejor béisbol del mundo, el que se juega en la Grandes Ligas de Estados Unidos. Aquí en Cuba, por el contrario, casi nada se sabe de los desenvolvimientos en la MLB de Yordan Álvarez, Aroldis Chapman y otros peloteros nacidos en la Mayor de las Antillas que brillan en dicha Liga.

Muy atrás quedaron los tiempos en que todos los cubanos estaban al tanto de la actuación de nuestro equipo de béisbol en los eventos internacionales. Por ejemplo, aquel campeonato mundial de 1969 en República Dominicana, trasmitido por radio para toda Cuba, cuando la narración brillante de Bobby Salamanca nos trasladó el hit de oro del Curro Pérez que empató el juego decisivo contra Estados Unidos, y después el batazo de Rigoberto Rosique que empujó la carrera que a la postre nos condujo a la victoria. Mientras tanto, toda Cuba, jóvenes y adultos festejaban el triunfo.

Ahora, pocos cubanos se emocionarían con un jonrón de Frederich Cepeda, pero brincarían de alegría ante un gol de Kylian Mbappé.

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